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Inglaterra no es sólo Londres

Sí, lo sé, soy una pesada. Y me he estado conteniendo para no escribir sobre el Drácula de Bram Stoker. Supongo que si no hubiera visto con mis propios ojos los paisajes que describe Stoker no habría leído la novela. Hubiera sido una lástima. Tan sólo por la descripción de Whitby ya merece la pena. Son apenas unas páginas que coinciden exactamente con lo que se puede contemplar hoy día. Hay que dar gracias a los ingleses por haber conservado tan bien esas ruinas -aunque parezca una paradoja-. En lo que no estoy de acuerdo con el autor es con la escalera. Él mantiene que no es empinada y que resulta fácil ascender por los numerosos escalones. A mí y a mi amiga nos pareció que tenía bastante pendiente. Durante esos días tuve bastantes problemas con el asma, y me costó mucho salvar el desnivel que separa la iglesia y la abadía del pueblo de pescadores.

Las protagonistas femeninas de la novela se marchan a tomar el té a Robin Hood´s Bay. A nosotras también nos llevaron a tomar el té allí.

Lucy viaja a Londres en tren desde Hull y llega a King´s Cross. Nosotras hicimos lo mismo. Podíamos haber volado vía Manchester, pero decidimos ir en tren.

Si vuelvo a Inglaterra, regresaré a Whitby, y procuraré dormir allí -espero no coincidir con los fans de Stoker-. Aunque caminamos junto a la inglesia y el cementerio no tuvimos tiempo de sentarnos y disfrutar del paisaje e imaginar...

Cerca de York, se encuentra la casa de las hermanas Brönte. Fue una lástima de carecer de tiempo para visitarla. Será cuando vuelva a Inglaterra.

Por cierto, el unicornio aparece fugazmente en un trailer de la última película de Harry Potter.

Cometas en el cielo

Khalel Hosseini no me ha defraudado. Al igual que Mil soles expléndidos, esta novela, que ya fue llevada al cine, me ha trasladado a ese lugar que sólo conocemos por los atentados y porque se nos pinta como refugio de terroristas. Gracias a Hosseini, sabemos que no todo Afganistan son los talibanes, y que a través de las últimas décadas la población está sufriendo una opresión terrible, de rusos, integristas islámicos, y los que vengan. Pues me temo que como se queden solos las diferentes facciones y etnias, que tienen muchas cuentas pendientes, no se conformarán con que la paz se instale en tan machacado país. El autor nos enseña cómo fue Afganistán antes de que destruyeran su esencia y lo sembraran de niños huérfanos.

La novela también es un alegato a la amistad, de nuevo el mismo tema que impregnaba cada página de Mil soles expléndidos. Esta vez entre dos niños de etnias distintas. Y también es un libro sobre la culpa. El personaje protagonista arrastra una culpa inmensa que atenazará todos sus movimientos hasta que el destino le ponga en bandeja una oportunidad de redimirse. Una oportunidad para perdonarse a sí mismo.

Termino este libro y comienzo otro que ha salido recientemente, leí su reseña en alguna revista y hoy lo he sacado de la biblioteca. Se titula: La extraña desaparición de Esme Lennox, y es de Maggie O´Farrel. La autora incluye dos citas al comienzo de la novela, la primera de Emily Dickinson, un poema en el que dice algo así "En esto, como en todo,/ prevalece la mayoría./ Asiente y te considerarán cuerdo./Disiente, y de inmediato serás peligroso/ y atado con cadenas". Una gran verdad. Pero la segunda me ha llegado al corazón, por aquello de que soy la loca de las conexiones. Es de Edith Wharton: "Yo no podría ser feliz a costa de una injusticia cometida contra otra persona. ¿Qué clase de vida cabría edificar sobre tales cimientos?" Eso es lo que le ocurre a Amir, el protagonista de Cometas en el cielo. Tiene la sensación de que ha construido su vida sobre arenas movedizas, porque se cometió una injusticia y no hizo nada para evitarlo.

Si se desea leer una historia que te transporte a otra cultura, con sus fiestas ancestrales, sus comidas, sus costumbres familiares; si desea conocer la historia del país que sólo conocemos porque tenemos allí soldados, soldados que han dado sus vidas en esa tierra extraña -y ya esa es una razón de peso- y, por último, si desea acompañar a unos personajes muy bien perfilados a través de su vida, este es un  libro que, sin duda, dejará huella. Un poso amargo, pero necesario, como el té negro y espeso que toman los protagonistas. Además, por si fuera poco, está muy bien escrito. ¿Qué más podemos pedir?

dirección de correo de la tertulia Caleidoscopio

Para contactar con la tertulia Caleidoscopio se ha creado la siguiente dirección: tertuliacaleidoscopio@gmail.com

La revista publica poemas, relatos, ensayo, dibujos y fotografía. Normalmente los trabajos publicados son los de los socios, pero estamos abiertos a recibir trabajos de otros escritores, dibujantes, fotógrafos, etc.

No nos comprometemos a publicar lo que recibamos ni a mantener correspondencia con los autores.

Para finales de año esperamos sacar el número 7 de nuestra revista.

 

 

 

Noticias de Caleidoscopio

En la última reunión un tertuliano propuso crear un blog de la tertulia y casi todos estuvimos de acuerdo en que asi nadie lo usaba, aunque sí estaría bien contar con una dirección de correo electrónico y en ello estoy.

El Diario de Burgos recogió en una noticia la aparición de nuestro nuevo caleidoscopio, y en el artículo mencionaban la antigua dirección del blog. Así que tal vez deberíamos revitalizarlo un poco, más que nada por aquello de que si alguien entra no piensen que nos hemos anclado en 2004 ó 2005. Avisaré oportunamente de la activación del blog, si es que lo consigo y evaluaremos el grado de seguimiento que tiene.

Por otra parte, hace poco que me acordé de la revista Maisontine, y mira por dónde hoy recibo un correo anunciándome que han cambiado de ubicación en la red. Esta es ahora la dirección:

http://usuarios.lycos.es/maisontine

Seguro que algunos tertulianos han participado en la velada del Bardeblás para conocer al ganador y finalistas de su concurso de Microrrelatos. También algunos habéis sido seleccionados en ocasiones para su publicación. En esta ocasión, Raúl Elena ha sido el ganador. Podéis leer la entrevista que publica El correo de Burgos en la que explica cómo crea sus microrrelatos. Tal vez sea un género desconocido para los que piensan que leer es sólo devorar novelas. El microrrelato es también un género muy difícil. Y Raúl Elena detalla como debe construirse una historia para despojarla después de todo lo prescindible. Pero no resulta tan fácil. El microrrelato debe convencer, enganchar, sorprender y dejarnos clavados en el lugar en el que estemos leyéndolo.

Espero que de nuevo los tertulianos hayan sido seleccionados o incluso finalistas. Me producen una sana envidia.

Hasta la próxima cita.

El unicornio imprevisible

Lo desconocido se convierte en omnnipresente por arte de magia, y esa magia no es otra que la literatura. Tras paladear  "La dama y el unicornio", ya saben que me acechan estos últimos, en lugares insospechados. El de la imagen (que no he podido colgar porque pesa mucho- me arrebató la respiración una mañana de abril, en un calle antiquísima de York. Entramos en una tienda, que no tendría menos de 500 años, y ascendimos al primer piso para aposentarnos en un salón diminuto iluminado por una pequeñísima ventana. Me volví para dejar mi chubasquero sobre la silla y allí estaba, juguetón y altivo, junto a la dama que me observaba desde su universo de flores. Ninguna de mis compañeras pareció percatarse de su presencia, y le pedí a una de ellas que lo fotografiara.

Hoy me arrepiento de no haberlo capturado en la tienda de recuerdos de la abadía de Whitby. En una de las paredes, un pequeño tapiz mostraba otra dama y otro unicornio. Estúpidamente pensé que no encajaría en mi casa, con su ambiente moderno, olvidando que sus colores y la calidez que emanaba me serían muy necesarios. Ni siquiere miré el precio. Tan sólo lo contemplé unos instantes, admirándome de que su adquisición fuera tan fácil. Y ahora me doy cuenta de que quizás esa facilidad fue la que me impidió valorar la posibilidad de comprarlo. Los sueños no se compran, ni tampoco la poesía. Sólo se posee el papel en el que están escritos y yo no soy digna de atrapar al unicornio en una pared ordinaria. En realidad, la presa soy yo.

Sara Tapia y Carlos Bolinaga en la Feria del libro de Burgos

Mañana sábado, nuestra compañera Sara Tapia firmará ejemplares de su libro de relatos "Mujeres del arcoiris" el sábado 30 de mayo y Carlos Bolinaga lo hara el martes 2 de junio, con su libro de cuentos "La libertad de los sueños". Espero que les acompañéis esos días y disfrutéis de algo diferente a los best-seller que se ofrecen como setas. Esta es literatura realizada con el intelecto y con el corazón, que no busca venta millonarias, que no sabe de contratos.

También os recomiendo las obras de los poetas Ricardo Ruíz, Carlos Contreras y Pedro Olaya, que acompañarán a Sara en la Feria.

Por otra parte, como apasionada de la Teoría de la Evolución agradezco que se hayan acordado de Darwin. No dejéis de visitar la caseta de la biblioteca pública.

Por otra parte, ya hemos distribuido nuestros caleidoscopios por la feria y en bibliotecas, espero que pronto podáis encontrarla en los lugares habituales. Como siempre, colaboran los tertulianos con sus poemas, relatos, ilustraciones. Todo ello amalgamado con la sabiduria de nuestra maquetadora, Amaya Barahona, que también nos regala un texto muy refrescante.

Más buenas noticias, otros tertulianos hemos publicado, gracias al buen hacer del personal de la Biblioteca Pública de Burgos, en la revista Plaza San Juan. Este número me ha gustado especialmente porque abunda la poesía.

Y no nos olvidamos de Javier Gil, que ha editado un segundo número de sus Cartas de amor, con colaboradores de lujo, y, como nuestra revista, también ha evolucionado su maquetación.

Un saludo y hasta la próxima conexión.

De vuelta a Caleidoscopio y vuelve Caleidoscopio

Tras varios de meses de ausencia, por un curso de inglés, hoy me incorporo de nuevo a la tertulia. Revisando textos para compartir con mis compañeros me encuentro con una breve carta de amor que formaba parte de un relato inacabado. Esta carta es uno de los trabajos que más he pulido, en ella cada palabra está cuidadosamente elegida como si fuera la puntada de un valioso encaje. Sin embargo, hasta ahora, no ha gustado a nadie. Paradójicamente, otros relatos que he escrito de forma irreflexiva, a los que he dedicado mucha menos atención, han sido del agrado de los lectores. La literatura, como todas las artes, a pesar del dominio de la técnica, tiene algo de misterioso que es capaz de cautivar al lector. Quizás lo que a mí me resulta misterioso no sea más que un elemento técnico empleado de forma inconsciente. No sé si a otros escritores les ocurrirá igual, pero confieso que me da mucha rabia.

No me resigno a que las obras que no gustan se mueran en un cajón. Les he dedicado tantas horas y me importan tanto como un hijo al que se le acuna, por el que se sufre, por el que se pierde el sueño. Busco en el fondo de la historia una brizna de la que tirar para darle la vuelta, y no la encuentro. La historia me convence a mí, como lectora, a pesar de que lleva años escrita, y sigue siendo tan válida como si acabase de salir de mi corazón. Y quizás es aquí donde se halla la respuesta, porque todas esas historias huérfanas de adeptos están escritas más con el corazón que con la cabeza, por lo que resultan incomprensibles para los lectores que carecen del código para traducir el lenguaje de mi alma.

No os aburro más con esto y paso a anunciaros que mañana comienza la Feria del Libro de Burgos, de la que procuraré hacer un resumen. Además podréis conseguir la revista Caleidoscopio (nº 6) si compráis libros en la feria -pedid la revista- o en las bibliotecas de la ciudad y en algunos bares, ya adelantaré cuáles.

En nombre de Javier Gil os invito a compartir el homenaje a Mario Benedetti, el lunes 1 de junio, en la Feria del libro a las 20:00. Nadie como él para recordar al poeta de una forma entrañable y entretenida, contando sus poemas, no en vano Javier Gil es el alma mater de la asociación La poesía es un cuento.

Por último, ya tengo atrapado al unicornio en el lapicero mágico -como llama Luis Carlos Blanco al pen drive- y prometo soltarlo en el mundo azul que se oculta tras la pantalla del ordenador, para que ilumine con su blancura nuestros días anodinos, para inundar de fantasía la rutina de los días.

 

 

 

Más literatura en Whitby

Más literatura en Whitby

Ya sé que llego un poco tarde. Llevo varios días sin colarme por este espacio irreal pero tan concurrido, incluso más aún que las plazas reales. Últimamente me llueven las propuestas interesantes, tanto de lecturas como de citas culturales y resulta difícil decantarse. He retomado una novela que me prestó una amiga, he dejado a Drácula en la mesilla con la esperanza de que no me muerda la yugular mientras duermo. Por si acaso le he dado la vuelta al ejemplar. La verdad es que no me atrevo a leerla. No por miedo al miedo, sino a la decepción. El prólogo, extenso y demasiado detallado -hay más notas al pie y tienen más palabras que el propio texto- pone los dientes más largos que los de los vampiros cinematográficos y puede que me ocurra como con La montaña mágica -con el permiso de los que adoran esta novela-, que no pude con ella. Pero cuando termine con la novela pseudohistóricaeróticoamorosa que tengo entre manos volveré al señor oscuro dueño de la noche.

El prologuista de Drácula reflexiona sobre el carisma del personaje, en qué reside su atractivo, porqué ha fascinado a tantos lectores. Llega a la misma conclusión que cuando se analiza la película Alien. Esta película resiste más que dignamente el paso de los años, es una obra maestra del cine de terror. Y como en Drácula el misterio reside en que el monstruo apenas se ve. sólo se intuye, se le oye, se ven sus huellas y sus crímenes, pero se oculta a nuestros ojos. Este misterio es el mismo que nos hace temer la oscuridad cuando somos niños, porque esconde posibles amenazas imposibles de calibrar. Seguramente las películas no han hecho más que contaminar esa idea de Stoker de hacer invisible a Drácula, pues al parecer nunca habla en primera persona son otros los que hablan por él. Es esta pues una buena pista para los que gustamos de escribir, de fabular y crear historias que atrapen a los lectores, deberíamos  tejer una tela en la que la araña nunca fuese visible y tan sólo se percibieran los temblores de los hilos con sus idas y venidas por la red.

 

Whitby Abbey

Whitby Abbey

Me quejaba junto a mi compañera de viaje de la falta de una programación exhaustiva. Nosotras nos habíamos molestado en editar un cuadernillo con los horarios, lugares, etc cuando recibimos a nuestros invitados checos -alumnos y profesores-. He de confesar que ni me molesté en buscar en internet los dos únicos lugares desconocidos. Decidí dejarlo todo al azar. Y la decisión fue sabia, puesto que uno de ellos, la abadía de Whitby, es sencillamente impresionante.

Es preciso imaginar que se llega por una carretera secundaria, flanqueada de prados verdes ondulantes, tras cruzar los moors -de los que hablaré otro día- a un bellísimo pueblo de pescadores, Whitbey. Pero apenas se contempla unos segundos, pues la carretera gira y te conduce tras una colina hasta la abadía. Su visión es realmente impresionante. Sobre un inmenso campo verde y, tras ella el mar, apenas se tienen en pie las ruinas de lo que debió ser un poderoso cenobio. Dejaré para el futuro averiguar lo que le ocurrió para acabar siendo un esqueleto de piedra. Espero que no fuera el bombardeo de los alemanes en la segunda guerra mundial. En cualquier caso, como se puede apreciar en la imagen, la belleza del lugar es indiscutible.

Dejando las ruinas y caminando hacia el pueblo nos encontramos con una iglesia. El camino atraviesa un camposanto. En Inglaterra los cementerios son verdaderos jardines. Se encuentran abiertos al público y no resulta extraño ver gente sentada en un banco leyendo el periódico entre las tumbas. Esta iglesia tiene una gran importancia desde el punto de vista literario -algo que desconocía en esos momentos-. La realidad nos golpeó con verdaderos ríos de gente que se dirigía hacia dicha iglesia. Todo sería más o menos normal en un sitio tan bello, lo que no era habitual es que fuesen vestidos de góticos, con trajes de época, a la manera de los vampiros. Aquello nos descolocó y preguntamos a nuestras anfitrionas inglesas. Nos explicaron que en ese lugar se congregaban periódicamente los seguidores de Drácula. Su respuesta nos pareció extrañísima, puesto que ubicábamos a Drácula allá por Rumanía. Vuelta a España, y con la oportuna visita a internet, averigüé que esa iglesia es uno de los escenarios de la novela de Bram Stoker, Drácula. El mismísimo Stoker pasaba allí sus vacaciones.

No me queda más remedio que leer la novela. Una amiga que la ha leído recientemente, al describirle el lugar, recordaba el pasaje de la obra en la que aparecía la iglesia. Así que no veo el momento de tomar un ejemplar y trasladarme de nuevo a Whitby.

Presentación del nuevo libro de Sara Tapia

Será mañana en el Teatro Principal, con actuación incluida de Anís Teatro. Creo que es a partir de las 20:00, consultar la Agenda. No os lo perdáis.

EL PRIMER Y EL ÚLTIMO CALEIDOSCOPIO

 

Hace unas semanas nuestro presidente, Luis Carlos Blanco, me pidió unas copias de los dos primeros números de nuestra revista. Curiosamente, el primer número fue robado o distraído por error en la fotocopiadora, pero nunca devuelto por algún cliente. Por fortuna me quedaba un ejemplar con los autógrafos de mis compañeros. Lo cual lo hace el más valioso de todos. Volviendo a tener el ejemplar entre mis manos mis ojos se detienen en el poema acróstico de Loly Fernández (manuscrito) y no me resisto a publicarlo de nuevo. Es una auténtica delicia. Juzguen ustedes:

 

Caleidoscopio

 

Caleidoscopio, juego caprichoso

Alimenta historias mágicas,

Lecturas (creaciones fantásticas)

Excitantes aventuras

Inspirando todo un mundo sabroso:

De sentidos, de pasiones,

Ordenadas ideas frescas,

Susurrantes letras, ritmos,

Conjugaciones cristalinas, luces,

Originales, nuevas, singulares

Portadoras de reflejos, colores

Ideales claves para tí y mis males

Oratoria. Tu oasis. Tu caleidoscopio.

 

Como noticia os adelanto que está a punto de salir nuestro Caleidoscopio nº 6, para la próxima Feria del libro de Burgos. La maqueta está lista y en la imprenta. Contamos con numerosos relatos y poemas de nuestros tertulianos y un par de colaboraciones nuevas que espero os gusten. Las ilustraciones corren a cargo de nuestra maquetadora y diseñadora Amaya Barahona. También encontraréis dibujos de Rubén de la Peña y fotos de una servidora. Podréis encontrarla a finales de mayo en las bibliotecas públicas de la ciudad, en algunos bares que ya anunciaremos y, cómo no, en las casetas de la feria del libro.

 

 

 

Castle Howard

Castle Howard

Cuando me entregaron la programación del viaje, nada me hizo sospechar que no se trataba de un castillo. Desde la óptica española se trata de un gran palacio, al estilo de la Granja. Desconocía que en él se rodo la famosa serie Regreso a Howards End. El año pasado se estrenó la película que ha sido rodada en este mismo lugar. De hecho pudimos contemplar las dos salas del palacio en las que se ha filmado, junto a una exposición fotografica del rodaje.

Se trata de un palacio impresionante, rodeado de inmensos jardines, en los que florecían los rododendros. Fantásticos ejemplares de todos los colores imaginables. Un lago enorme enmarcaba el paisaje, y en sus orillas brotaban miles de narcisos.

En un ala del palacio vive Lord Howard con su familia. Se ha hecho pintar al óleo con un traje del siglo XVII o XVIII y su retrato preside la primera sala que se ofrece al visitante.

Después, un largo corredor flanqueado de bustos de mármol conduce a un salón central cubierto por una magnífica cúpula,  obra del mismo arquitecto que la Catedral de Saint Paul en Londres.

Resulta muy curioso observar las fotografias de la familia dispuestas para que los visitantes los contemplen. se trata de una exhibición pública que no comparto pero me parece fascinante ver como muestran su vida privada a personas anónimas llegadas de cualquier lugar. Todas las salas y salones son una auténtica maravilla, por la gran cantidad de muebles antiguos, cuadros y otros objetos. Pero lo que más impresionó fue la inmensa biblioteca, paredes tapizadas de estanterias que contenían cientos de libros. Todos ellos mostrando su cuero desgastado por los años, en los que se podía leer los títulos de clásicos griegos y latinos.

Tras la visita al palacio tomamos el té en el jardín, mientras un pavo real se paseaba indolentemente entre las mesas, bajo un tímido sol que no esperábamos en el Norte de Inglaterra. Fue mi primer té como manda la tradición británica. Y no me sentí defraudada.

 

 

 

Un 23 de abril extraño

Últimamente mi vida está llena de casualidades y de unicornios. Pero hoy sólo hablaré de la curiosa conversación que mantuve el día del libro mientras volaba a Londres. Fue un viaje inusualmente cómodo, en la zona de las salidas de emergencia del avión. A mi derecha se sentaba un hombre de rasgos asiáticos. Se mantuvo callado todo el viaje. Pero cuando estábamos a punto de aterrizar se dirigió a mí en un perfecto español. Me dijo que era japonés, y que viajaba con mucho frecuencia de Madrid a Londres por asuntos de negocios. Llevaba un pequeño librito impreso en los caracteres que nos resultan tan incomprensibles a los occidentales. Por corresponder a su amabilidad le dije que me había convertido en una lectora de Murakami. Para mi sorpresa, el pequeño librito de cubierta color marfil resultó ser de este autor. Rápidamente me habló de la novela, la cual yo no he leído aún, y conversamos sobre la facilidad de este autor para llegar a los entresijos del alma humana,su capacidad para emocionar así como la universalidad de los sentimientos que describe, independientemente de las culturas. Hablamos también del clásico japonés que también había leído recientemente, de la belleza del libro de Kenji, que aún tengo pendiente por leer, incluso de los haikus. Cuando los nombré, sus ojos rasgados se iluminaron y rápidamente me recitó la estructura de estos poemas de sólo tres versos.

En éste último viaje me han ocurrrido muchísimas cosas. He tenido encuentros increíbles, como el de este hombre de negocios japonés que ama la literatura. He visto varias veces al unicornio, lo cual no deja de ser maravilloso. He conocido los paisajes que Enyd Blyton describía en los libros que muchos hemos devorado en nuestra infancia. Por fin he probado la cerveza de jenjibre, el puding de Yorkshire y el chutney. He tomado el té en un lugar maravilloso, imposible de mejorar salvo si se está con la persona amada -que en este caso me faltaba-, incluso he estampado mi firma en el mismo libro en que la Reina Isabel dejó su rúbrica el mes pasado. He visitado un pueblo muy concurrido por los adoradores de vampiros y el castillo en que se rodó Regreso a Howads End. Tambien he tenido la oportunidad de caminar dos horas por el centro de Londres bajo el sol, y de recorrer la estación desde la que Harry Potter viajaba a Howarts.

He de decir que mi opinión sobre los ingleses ha cambiado mucho y para bien. Nos han tratado con mucha amabilidad y su hospitalidad ha sido inmejorable. Tan sólo la falta de limpieza es lo único que puedo criticar. Tanta moqueta enmohecida y polvorienta ha empeorado bastante mi asma, sobre todo en el hotel. No me gusta nada circular por la izquierda, la sensación es de continuo peligro e inseguridad.

Poco a poco iré narrando todo lo sucedido durante esta semana tan intensa, compartiendo azares y reencuentros nostálgicos. Hasta pronto.

PARAÍSO INHABITADO

 

Con gran placer he devorado esta deliciosa obra de Ana María Matute. No sé muy bien si debería recomendarse para adultos o para niños. Tal vez lo ideal es que lo leyeran juntos una fría tarde de invierno bajo el cálido abrazo de una manta en el sofá. El libro me ha dejado sin palabras, porque las de la autora son tan bellas y están tan bien urdidas en una red de la memoria que resultaría un agravio romper su delicado encaje y analizarlas. Además de una prosa suave, rica en matices, fantasía y, aunque parezca imposible, de dura realidad, la obra recoge una historia de soledad, amistad y pérdida. Todas estas experiencias constituyen el aprendizaje de una niña que, como Peter Pan, se niega a crecer para ser engullida por el mundo de los Gigantes.

Todos hemos pasado, de un modo u otro, por las etapas de la niñez de la protagonista, Adri. Sólo que en su propia casa cohabitaban dos mundos inmiscibles, que se necesitaban el uno al otro para sobrevivir, aunque en clara desventaja para uno de ellos. Es ese mundo real, pobre y honrado el único que le aportará calor, y el imaginario, el que llenará de color sus noches. En este punto me siento muy identificada con la protagonista, pues yo también protagonizaba fugas cuando los demás dormían, pero claro todo ello pasaba a la hora de la siesta. Jamás he podido dormir a esas horas, y menos por obligación. Esas tardes se me hacían larguísimas y tan sólo la lectura de cuentos y libros mitigaba un tedio profundo que se repetía todos los veranos manchegos. Cogía mis zapatillas y me escapaba por la portada -por la puerta del patio-, para que mi abuela materna no me oyese. Después, con mucho miedo, cruzaba la carretera, y me presentaba en el taller de las costureras. Ellas cosían incluso en esas horas en las que era imposible respirar por el calor. Pero siempre me dejaban un rinconcito, una aguja y un poco de hilo para hacerle un vestido a mi muñeca.

Las noches en vela se quedaban para el piso de Barajas. Desde mi ventana abierta en las cortas noches del verano, veía las luces que arrojaban al cielo los aviones al despegar o al aterrizar. Me preguntaba dónde irían, jamás de dónde vendrían. Siempre que veo un avión me pregunto cuál es su destino, como si siempre quisiera escapar. Es como si tuviese en mis células un gen de huida, el mismo gen pudo impulsar al género humano a buscar otras tierras en lugar de anclarse en la suya propia. Recuedo las noches de insomnio de mi adolescencia en las que miraba el lejano mar desde la ventana de la cocina, en Cueto, junto a Santander. El reloj de la iglesia, mudo, cantaba el devenir de las horas nocturnas, y las luces de los barcos se desplazaban, lentamente. Apenas se adivinaba el límite entre la costa y el mar. Desde niña, tal vez desde que nací, conciliar el sueño no ha sido fácil. Quizás por esa razón, desde que recuerdo, no me duermo con las últimas páginas del libro que estoy leyendo, sino con los últimos retazos de la historia que construyo en mi cerebro. Historia que perfilo y pulo cada noche, con los mismos personajes, hasta que me resulta casi perfecta, y entonces el sueño se apodera de mi mente y nunca conozco el final de mi propio cuento. Esta forma de crear se ha convertido en una costumbre, y cada noche me cuento una historia capaz de arrancar de mi cerebro los suscesos negativos del día. Eso me permite entregarme libre de tristezas al abrazo esquivo del sueño.

Como les avancé, poco voy a decir del libro y mucho es lo que me ha sugerido. Es un libro que volveré a leer para capturar las numerosas frases que me han robado el corazón. Para reencontrarme con Adri, para volver a ser la Ana niña que contemplaba la noche y sus luces llenas de preguntas.

ROSCA Y CHOCOLATE

 

En cada casa, en cada región, en cada pueblo las costumbres de la Semana Santa se encuentran extrañamente arraigadas. Se trata de un rito que es preciso perpetuar por los siglos de los siglos. Aunque ya no creo que el viernes santo era el día en que moría Jesús, lo que me producía una infinita tristeza cuando era niña, y tampoco vivo el domingo de resurección como el día en que Él volvía a la vida, como si todo hubiera sido una broma de mal gusto. Durante mi infancia vivía estos acontecimientos como si realmente se repitiesen a lo largo de los años, confiando en su cadencia como el nacimiento de Jesús y la llegada de los Reyes Magos. Hoy día no echo de menos creer ciegamente en esos hechos del calendario litúrgico, sino que siento nostalgia de las cenas del viernes santo. Mi abuela paterna preparaba chocolate, que tomábamos con rosca. La rosca era un dulce que no he vuelto a encontrar en otro sitio. De masa recia y sabor a anises. La rosca en lugar de ser un aro formaba una gran elipse, cubierta de azúcar. Supongo que seguirán horneándolas en las panaderías del pueblo. Lugares cálidos en los que se entraba directamente al corazón. Desde la calle, atravesando la propia puerta de la vivienda, se accedía a una gran sala en la que el horno, con su inmensa y amorosa boca se tragaba masas pálidas y brillantes, devolviendo panes dorados y, cómo no, roscas, magdalenas, sequillos, trenzas, y los indigestos rosquillos. Nunca entendí porqué habían dado ese nombre a estos últimos, pues eran cuadrados y no tenían ningún agujero en el medio.

La rosca con chocolate era la mejor de las cenas. Cortada en porciones por las amorosas manos de mi abuela, sumergida en un chocolate a la taza hecho con tiempo y paciencia, cosa de la que yo carezco. A veces creo que soy reacia para tomar chocolate porque me recuerda a mi abuela, me recuerda su dolorosa ausencia. Igual que el arroz con leche o los guisados de carne, cuyo aroma a veces, traicionero, me devuelve a su cocina de sarmientos. En la adolescencia y en la primera juventud, simplemente, dejé de ir a verla. Estaba demasiado ocupada con mis estudios, con los amigos y con el amor. Supongo que pensaba que ella estaría siempre allí, dispuesta a escucharme en cuanto me sentara junto a su mimbrera, caldeadas por la complicidad que siempre nos unió y por la pequeña estufa de carbón que era también el alma de la casa.

Hoy es viernes santo y no habrá chocolate, ni rosca, ni procesión, ni ropa nueva para lucir ante los vecinos del pueblo. Hace mucho tiempo que los vencejos no saludan mis pasos por esas calles, calles que sinuosas se clavan en algún rincón de mi memoria, cobrando bordes imprecisos, borrándose un poco, alterando su curso.

El desarraigo es tal que ya no importa dónde se pasen estos días extraños en los que ya no se cree. Encima el chocolate me sienta mal. Sólo importa la compañía, y eso lo es todo.

 

Hay esperanza

Siempre nos empeñamos en destacar lo malo de la sociedad, especialmente de los jóvenes. Yo misma me explayaba sobre el tema en el post anterior. No obstante he de decir que me he quedado gratamente impresionada el pasado lunes. Impartí un taller de relato breve a alumnos de bachillerato y ESO. Fue una experiencia muy buena. Espero que ellos también tengan un buen recuerdo y, sobre todo, les sirvan de algo las indicaciones que humildemente les di. Pero ellos ya tenían algo, lo más importante, el talento. Tras una charla inicial, de la que tomaron notas -después de haberse pasado la mañana en clase-, empleamos una técnica para que todos escribieran sobre un grupo de palabras. La verdad es que escribieron todos, durante unos 20 minutos no se escuchaba el vuelo de una mosca tempranera. Y luego, los que se atrevieron a tomar el micrófono, leyeron sus trabajos, que fueron muy buenos, y diferentes todos.

Hoy he trabajado con otro grupo de chicos de la ESO, alumnos míos, en algo ajeno a lo que suelo explicarles. hemos recuperado y transformado objetos con decoupage. También su trabajo ha sido variado y original. Todos se han implicado. Realmente he podido disfrutar y espero que ellos también. La ventaja del decoupage es que relaja mucho.

Así que esta es una semana extraña, en la que apenas he enseñado biología, pero me lo he pasado genial. Desde aquí les mando a todos un abrazo y les deseo que no pierdan las ganas de crear.

Indignación

Ese es el título de la nueva novela de Philip Roth, y también es indignación lo que siento cuando me entero de que renovarse el carnet de identidad puede convertirse en una auténtica pesadilla. Acabo de conocer dos casos de personas mayores a los que les ha sido imposible conseguir una cita. Primero te obligan a llamar a un 902, por lo que ya se estarán embolsando una pasta gansa. Después te entretienen preguntándote datos o diciéndote que toques teclitas del teléfono. A cierta edad, las tecnologías suponen un muro para nuestros mayores, de eso no parece percatarse nadie. Y al final terminan sin cita, pidiendo a alguien que llame por ellos o preguntándose qué hacer cuando por teléfono les dicen que la comisaria de su localidad está saturada, que se busquen otra. Como si uno supiera, por ciencia infusa, qué comisaria se encuentra más despejada.

Por otra parte, me encuentro rodeada por un botellón universitario. Hay más estudiantes bebiendo que protestando por Bolonia. Los que protestan por Bolonia no son estudiantes, sino jóvenes de los que se apuntan a todas las movidas antisistema. Tienen el vestíbulo de la facultad lleno de papeles, porquerías varias, y sacos de dormir que no se molestan en recoger. Así que sólo quedar surcar todo ese maremagnum de objetos y rezar por no tropezar con nadie. En cuanto al botellón, anoche la policía se dedicaba a poner multas a los coches pero no desalojaba a los que bebían y alborotaban impidiendo dormir a los vecinos.

Y lo que es más grave, unos niñatos sin conciencia ni moral tienen en jaque a la policía y a un montón de cuerpos de seguridad en la búsqueda de un cuerpo. Ignoro lo que habrá costado todo el operativo montado para Marta, pero deberían pagarlo los asesinos. Desde luego que no hay derecho a que maten a una persona, pero que encima, como dice el padre, se cachondeen de todo el mundo y, lo que es peor, de su familia. No sé, sencillamente es que es algo inconcebible.

Iba a escibir sobre la Indignación de Philip Roth. Pero me resulta difícil concentrarme en el tema profundo que trata la novela. Les recomiendo que lean el fragmento que aparece en El Cultural de El Mundo 13/3/09. Solo les adelanto que plantea la idea de qué experimentaría una persona tras su muerte. Nos ofrece la versión del protagonista, y es que su mente sigue en pleno funcionamiento, condenada a recordar y revisar todos los acontecimientos de su vida. El autor deja entrever que quizás sea ese el infierno. Por mi parte pienso que no estaría tan mal si tu vida ha sido aforturnada. Pero, ¿Qué le espera a una persona que ha pasado hambre, ha sufrido la guerra, la tortura, la violación o la humillación? No sé lo que habrá tras ese muro que todos atravesaremos, pero espero que no sea así. No por mí, que me puedo considerar una persona afortunada, sino por todas las personas cuya vida en sí ya es un infierno.

Me he puesto música para amortiguar los gritos de los estudiantes borrachos. Para no desentonar con el entorno he elegido a Amy Winhouse. Su música es maravillosa.

¿Azar? Rothko

Entro en la página web del museo, a través del enlace del post anterior. Aparece una imagen del mismo y, debajo, un cuadro de Rothko. Se trata de una obra del siglo XX. Dos rectángulos de colores surgen de un fondo uniforme. El cuadro me lleva a la película que vi el pasado sábado en DVD: Sueños compartidos, de Ben Younger (2005). Para mi gusto la película se salva por el trabajo de las dos actrices protagonistas: Uma Thurman y Meryl Streep. El argumento es original pero el guion no tiene la gracia que debiera, no le han sacado partido a la idea original. Se supone que es una comedia pero a mí solo me arrancó alguna sonrisa.

En una escena del film, el protagonista masculino lleva a Uma Thurman a cenar a su trabajo. Monta una mesa romántica en un rincón de la oficina decorado con un lienzo, precisamente un Rothko.

Algo me dice que tengo que ir a Nueva York y visitar ese museo. Es una segunda señal que no debo dejar pasar por alto.

Hasta la siguiente paranoia.

 

Unicornio de Ana María Matute

Gracias, Esther. Pues sí, el unicornio de Ana María Matute pertenece a un tapiz que se exhibe en The cloisters of Metropolitan de Nueva York.

Se encuentra cercado por una valla y el fondo es realmente maravilloso. El animal salta como si quisiera escapar de su cautiverio de seda y oro. Es una auténtica belleza visto a través de internet, supongo que verlo "in situ" debe ser una  delicia. El tapiz es flamenco y está fechado entre 1495 y 1505. Y fue donado a este museo en 1937 por Rockefeller Jr. Se titula: "El unicornio cautivo". No reproduzco la imagen por aquello de los derechos de autor, pero se puede acceder a ella a través de la página web www.metmuseum.org

También he encontrado en dicho museo un crucifijo palentino y otras obras de arte españolas. Merece la pena consultar la página para contemplar los bellísimos objetos que salieron de nuestro país, prefiero no saber en qué condiciones.

Seguiré buscando unicornios, porque en ellos reside el misterio y la belleza, cualidades que necesitamos en este mundo materialista que nos devora.

 

 

La dama y el unicornio de Tracy Chevalier

Otra lectura que no me ha defraudado lo más mínimo. Me gustaron muchísimo La chica de la perla y El azul de la virgen. Dos libros muy bien escritos, el primero indaga en los misterios de la creación artística, la autora intenta reconstruir los días y personajes envueltos en la gestación de ese maravilloso cuadro. El segundo es una historia desgarradora ambientada en las guerras de religión francesa, en las que un color podía significar la vida, pero también la muerte.

En la novela que acabo de leer la autora urde una trama, increíblemente bien resuelta, en la que nos muestra diferentes caras de un mismo cristal, facetas representadas por los personajes que ella inventa para explicar cómo pudo hacerse un tapiz. Pero no se trata del típico tapiz, He de reconocer que hasta ahora no me llamaban mucho la atención este tipo de manifestaciones artísticas. La obra me ha hecho cambiar radicalmente de opinión. la elaboración de un tapiz es tan sumamente compleja que parece un auténtico milagro. Ya sólo por eso merece la pena la lectura de La dama y el unicornio.

Por otra parte, sigo con mis coincidencias o conexiones, o como queramos llamarlas. Supongo que el hecho de que las arañas se hiciesen omnipresentes no es nada extraño, suelen convivir con nosotros desde que vivían en las cavernas tejiendo sus telas en las esquinas. Otra cosa muy distinta es un unicornio. y no es que me haya topado con ninguno, por desgracia. Hubiera sido una auténtica maravilla. Sino que tras leer este libro, tomé de la estantería el siguiente que quería leer: Paraíso inhabitado, de Ana María Matute. Y he aquí el unicornio, que sobre fondo azul, preside la portada de esta novela. y no se trata de un unicornio cualquiera, no, sino una reproducción de un tapiz del siglo XV. Entonces voy y miro las reproduciones de los tapices en la novela de Chevalier, pero no está este unicornio.  ¿Hay más tapices de unicornios? Supongo que sí. Habrá que echar un vistazo al Musée National de Moyen-Âge  de París (antiguo Musée de Cluny)

Supongo que iré encadenando lecturas, como se enlazan conversaciones. ¿A dónde me llevará El paraíso inhabitado?