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De agoreros y vampiros psíquicos

Leo en http://lapoesiaesuncuento.blogspot.com un alegato sobre el optimismo. Uno de los comentarios acuña la expresión "optimismo realista", que me parece muy acorde con lo que pienso, retomando el juego de la alegría de Pollyanna. En el blog de la poesía es un cuento se habla de las personas empeñadas en ver el lado malo de las cosas. Son los típicos agoreros que cuando comentas que te vacunas para evitar la alergia al polen dicen que no sirve para nada. Es algo que no soporto. Si piensan así que se callen, que nos dejen intacta la esperanza de la curación.  

Los agoreros y otras aves de mal agüero son seres que a cualquier propuesta inmediatamente replican diciendo que va a salir mal, pero son incapaces de buscar una alternativa posible. En lugar de luchar para que un proyecto salga adelante contestan que es imposible, que no hay tiempo suficiente. Yo prefiero que sea la realidad la que me golpee, pero intentar conseguir los objetivos que me propongo.

He trabajado en ocasiones con personas de este estilo, a las que una amiga calificó hace años como vampiros psíquicos. Si lo permites, absorberán toda tu energía positiva y te dejarán con la moral por los suelos, incluso más allá del núcleo terrestre. Si todos fuéramos así, aún seguiríamos en las cavernas sin atrevernos a salir a pesar de que hubiera finalizado la última glaciación. Últimamente evito a los vampiros psíquicos. Antes les daba una oportunidad, ahora huyo de ellos, no hay quien les haga cambiar y sólo pueden contagiarnos de su infeccioso pesimismo.

Teorías sobre los Reyes Magos

Por internet circula de todo, hasta vídeos en los que se cuestiona y compara la existencia de profetas y personajes bíblicos, asociándolos a las cosmogonías, el zodiaco, las eras astrológicas y todas esas zarandajas. Sin embargo, una de esas "teorías" me ha resultado particularmente entrañable. ¿Se han planteado alguna vez cuál sería la estrella que brilló en el cielo el día del nacimiento de Jesús?

Tal y como se presenta en la iconografía y en los árboles navideños podría parecer un cometa. El vídeo del que les hablo -no tengo más datos sobre él-, la identifica como Sirius, la más brillante de la constelación Can mayor, que por esas fechas brilla en el firmamento con mucha intensidad, junto a Orión. Y es en Orión, más concretamente en su cinturón, donde se hayarían los tres Reyes Magos representados por tres estrellas. Todo esto da mucho juego pero la verdad es que Orión y Sirius se ven todo el año, según creo -no tengo mucha idea de astronomía-. De todos modos no deja de ser una coincidencia curiosa. Tras el artículo anterior del ateísmo, este texto viene perfectamente a colación. Cuando no aparecen los dioses controlando nuestras vidas son las estrellas, lejanas pero visibles, las que regirían nuestro destino. Los antiguos y, mucha gente en la actualidad, ignoraban que las estrellas son sólo luz viajando a través del espacio a 300.000 km/s, por lo que esa luz tarda años en llegar a nuestro planeta. Eso implica que muchas de las estrellas que hoy vemos puede que ya no existan, que hayan explotado hace miles de años y su reflejo viaje por el universo hasta llegar a nosotros.

A veces es mejor no saber. Una prefiere pensar que todo es como se percibe y vive mucho más feliz.

Volviendo al discurso anterior, todavía hay gente que cree en los horóscopos, los periódicos siguen pagando a personas que los escriben. No me resisto a comentar los horóscopos de El Mundo. Me temo que es un ordenador el que genera los galimatías que aparecen publicados. Si alguien desea leer algo raro, enigmático y que no hay por donde cogerlo, que se lea esos horóscopos. Yo no pagaría un euro a nadie que escriba semejantes desatinos, eso sí, adornados con un lenguaje superculto. El que busque una orientación o un pronóstico para el día que le espera más vale que se vaya a otro sitio porque no se van a enterar de nada. Que en el pasado la gente creyese en los oráculos y la disposición de las estrellas como medio de predecir el futuro me parece, hasta cierto punto, normal, pero que en estos días sigamos así resulta un poco lamentable. Para los que crean en los horóscopos, les pido humildemente perdón, y les emplazo a que realicen un sencillo ejercicio: comparen los horóscopos de diferentes publicaciones para un mismo día, verán como no coinciden.

Les deseo que los Reyes hayan sido buenos con ustedes. Yo no me puedo quejar, pues además de regalos materiales que me han encantado, sigo aquí, dándoles la tabarra, y ese es el mejor presente, VIVIR.

publicidad atea

Lo normal es encontrarse publicidad sobre las religiones, bien a través de símbolos que portan los creyentes, en los edificios que emplean para congregarse o en las lápidas que cubren sus restos. También podemos encontrarla en la prensa y, ultimamente, cuando toca poner la cruz en la declaración de hacienda. A lo que no estamos acostumbrados es a toparnos con publicidad ateista. Leo en la página web de Kiss fm que en los autobuses de Barcelona (concretamente en dos, si no me equivoco) se podrá leer la siguiente frase: "Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida". Tal vez la noticia no sea muy adecuada en el día de Reyes, que ha quedado reducido a los regalos y a comer roscón -yo me quedo con esto último, porque en casa creemos más en Papá Noel que madruga y viene antes-.

Si uno fuese creyente podría plantearse que dicha campaña esta financiada por el mismísimo Satanás, para que la gente se comporte como le de la real gana, sin pensar en las consecuencias que tendrán sus actos en la vida eterna. Al menos tiene el detalle de comenzar con: "Probablemente..." Ni el publicista se atreve a negar la existencia de Dios. El ateo no niega la existencia de Dios por fastidiar a los creyentes, simplemente no cree porque ha perdido la la fé o nunca la tuvo realmente. Muchos de los ateos desearíamos ser creyentes. Confiar en la existencia de un ente superior, responsable de todo lo que ocurre -atribución externa que nos libera de responsabilidades- y en quien podemos confiar, que siempre nos escucha estemos donde estemos, etc. consuela. Vamos por la  vida en busca de consuelo, y el que lo encuentra en Dios vive mucho mejor que el que no tiene donde agarrarse. El no creyente cuenta con sus propios medios y con los de las personas que le rodean. Eso no quiere decir que el ateo sea un infeliz. No, acepta que su vida no tiene más trascendencia que la de una planta o una mariposa. Eso no quiere decir que no la respete, porque para eso está la ética. Se puede ser buena persona siendo ateo, deseando tener una buena vida sin fastidiar al prójimo, procurando disfrutar de las oportunidades que se nos ofrecen.

En la misma página web se podía votar (cinco opciones), en las  que se pregunta si se es creyente o no, si eso condiciona la vida o el típico no sabe -supongo que será el agnóstico o el que contesta por contestar-. De momento los ateos se reducen al 23 % y los creyentes a un total de 69 %.

Veremos cómo se desarrolla la campaña. ¿Qué opináis vosotros?

Microrrelato: Regalo navideño

 

"Le regalaron por Navidad un libro. "El más especial", rezaba la contraportada. Había leído tantos que cuando lo abrió, el libro lo leyó a él."

 

 

Enviado al concurso de Pagina2 de rtve.

La libertad de los sueños...

La carcel de los recuerdos,  de Carlos Bolinaga.

Aunque Carlos se presente públicamente como un modesto escritor y prefiere ser reconocido como un apasionado lector, la verdad es que es un autor bastanate prolífico. Nos ofrece su segundo libro de relatos: historias oníricas hilvanadas mediante hermosas citas literarias. A través de ellas, el lector recorre el mismo periplo de lecturas que el autor, el cual nos muestra el camino a otros libros por descubrir. Así, cada cuento esconde un regalo y una promesa, si es que no se conoce la obra citada.

Como dice Bolinaga, los sueños son libres, de ahí que nadie deba escandalizarse por los sueños de los protagonistas -en muchas ocasiones, premonitorios- en los que la mujer y el sexo son temas recurrentes. Pero también, como en su obra anterior, Carlos se revela como un amante del pensamiento libre, y no renuncia a poner sobre la mesa las desigualdades sociales o los problemas que acucían diariamente a los mortales.

El libro despierta sonrisas, guiños y reflexiones. Cada cuento es una píldora que nos ayuda a hacer llevaderos los problemas cotidianos, eso sí, sin efectos secundarios.

Desde el ciberespacio, envío al autor un abrazo, ya que no podré acompañarle en la presentación el día 29.

Te deseo que disfrutes de ese día con tu familia y amigos.

 

Transportes (II)

Los recuerdos son como flechas perdidas en la dimensión del tiempo. Viajan a través de un espacio y, al igual que los cometas, sólo son visibles cuando el sol los ilumina. La saeta, caprichosa, me impactó cuando contemplaba el cementerio desde el bus. Sabía que él ya no estaba allí, pero fue allí donde le dejamos. Hoy vive en nuestras flechas errantes, que de vez en cuando impactan para recordarnos que estamos vivos.

Hay personas que nunca salen de su ciudad. Para ellas el mundo se reduce a un pequeño espacio. Otros, por suerte o por desgracia, elegimos desplazarnos a lo largo de nuestro país y ,en ocasiones, por el mundo. Algo de mí se queda anclado en las diferentes ciudades y algo de los paisajes va conmigo siempre. Ya no soy de ningún lugar concreto y mi acento resulta una mezcla extraña -No sé qué contestar a la pregunta: "¿De dónde eres?"-. En contadas ocasiones, esa sensación se convierte en desarraigo y una se pregunta: "¿Qué pinto yo aquí?" Afortunadamente el desasosiego dura sólo unos instantes y vuelvo a disfrutar de lo diferente. Soy una persona, en esencia, optimista, ávida de experiencias, y procuro quedarme con lo bueno. Eso no significa que sea tan estúpida como para no percatarme del lado negativo de las cosas, sino que prefiero relegar el dolor a un rincón de la memoria. Si soy capaz, le doy la vuelta a las situaciones, como la protagonista de un delicioso libro infantil Pollyanna (Elleanor H. Porter), que practica "el juego de la alegría". A veces la gente opina que es una manera inconsciente o superficial de enfrentarse a la vida, por mi parte, estoy convencida de que es una forma de supervivencia.

Transportes (I)

Una de las cosas que echo de menos de Madrid es la cola del autobús. No es que me guste, es que en Burgos la gente se tira a coger el autobús sin respetar el cívico orden de llegada, y bajo la consigna de "tonto el último", como te descuides subes la última y te quedas de pie, a merced de las curvas y del bamboleo del engendro municipal.

En el intercambiador de transportes de la Avenida de América se escucha. "El Consorcio Municipal de Transportes les desea feliz navidad". El camarero del kiosko de café, que torea las infinitas horas bajo tierra, espeta a un parroquiano: "Deberían decir: Consorcio Municipal de Transportes les avisa de que tengan cuidado con el bolso que se lo pueden robar". Suelto una carcajada mientras compruebo que el mío sigue allí, colocado en bandolera, cubierto con el otro bolso que guarda los regalos de navidad. El hombre del bar subterráneo se vuelve preguntándose quién será esa mujer a la que no parece afectarle el aire opresivo del hormiguero. Después me pregunto si me hará una radiografía y sopesará el tamaño de mis pechos, como el protagonista de un cuento de Carlos Bolinaga, relato recogido en su último libro: La libertad de los sueños. La cárcel de los recuerdos. Los personajes de Carrlos son libres para soñar con otras mujeres, con sus anatomías, o bien exclavos de sus pesadillas escatológicas. Pero el libro merece una entrada nueva del blog, y como aún no lo he terminado sólo puedo decirles que merece ya la pena por las ricas citas literarias que esconde. Como decía, desde que leí el relato de Carlos Bolinaga, me inquieta mucho relacionarme con señores, excepto con mi marido. La verdad, me pongo a pensar en lo que pasa por sus mentes y me dan ganas de escapar. ¿Pensarán los hombres lo mismo cuando se trata de una compañera, una cliente, o la vecina?

Vuelvo a recorrer el camino de vuelta a casa atravesando la N-II. Hace quince años sentía un gran alivio cuando salía del trabajo y contemplaba los edificios, los descampados, a pesar de que los termómetros marcasen 40º C. Entonces conocía a muchos de los pasajeros, de vista, claro. Ahora sólo soy una extraña más. Me parece mentira haber pertenecido a este mundo de idas y venidas que hoy recuerdo gris.

Hoy valoro más el paisaje castellano, duro y cortante, pero aunténtico. En él, cada mañana me sorprenden los buitres, observo a las cogujadas mientras buscan as migas de pan del bocata de mis alumnos -áun comen bocadillos de verdad, envueltos en papel de aluminio-. En ocasiones, es un corzo o un zorro el que se cruza en el camino. Al corzo normalmente le sigue otro que ha quedado escondido entre los arbustos. Detengo el coche y, como si hubiera escuchado mis deseos, el rezagado sale de su escondrijo y me regala otra bella imagen. En la carretera que recorro cada mañana el tráfico es casi inexistente y una puede pararse y parar el tiempo por un instante. Otras veces, el prodigio de la niebla congelada me ha llevado a un mundo irreal, como la visión de la silueta de dos aguiluchos ratorneros recortada entre la blancura de la nieve. Allí, todo parece limpio y eterno, a la vez cambiane. Aquí, en la N-II, todo es metálico, de cemento sucio, perfumado con aroma a diésel. Todo es rápido, demasiado rápido y vacío.

Al sur de la frontera al oeste del sol

Este es el título de otra novela de Murakami. Carece del halo intimista de Tokio Blues, y aunque no deja de estar teñida de melancolía no es tan desesperanzada. A veces, como lectora, tengo la tentación de identificar al autor con los personajes que crea, a sabiendas de que no es cierto del todo y de que no nos gusta que nos comparen con nuestras criaturas. No obstante, encuentro paralelismos sin apenas buscarlos. Los dos personajes principales son jóvenes, amantes del jazz, de la lectura, de las noches y de las mujeres. Al menos en este último la obsesión del protagonista son unas mujeres peculiares, como una de los personajes de Buñuel. Se me ocurre una frivolidad, perdónenme. Tal vez, a los hombres les fascinen las cojas porque no pueden escapar.

Dicha la maldad, sólo puedo decir que la novela se lee muy bien, aunque no me ha seducido tanto como Tokio blues. No obstante, persistiré en el universo de Murakami para seguir buceando en la condición humana.

Más enlaces

Estos me los ha recomendado la escritora Esther Paradiñas:

 www.europeana.eu que es la nueva biblioteca virtual europea, podéis acceder a todos los museos, librerías y archivos europeos, y hasta escuhar música de todos los autores..está muy bien y acaba de inaugurarse en noviembre. Espero que os guste a lo mejor nos resulta útil. Un abrazo esther.

y www.orola.es  que recoge un nuevo género literario, las vivencias.

Por otra parte, os vuelvo a recomendar www.pagina2.es y otra nueva página que recomendaron en este programa de La 2: www.yoescribo.com.

PRESENTACIÓN DEL SEGUNDO LIBRO DE CARLOS BOLINAGA

 

Os anuncio que nuestro compañero de La Tertulia Literaria Caleidoscopio, Carlos Fernández Bolinaga, presenta su nuevo libro La libertad de los sueños La cárcel de los recuerdos.
 Tendrá lugar en La Sala Polisón del Teatro Principal, paseo del Espolón, de Burgos, a las 20 horas del día 29 de diciembre de 2008.
En el acto intervendrán los también escritores Carlos de la Sierra y Rubén de la Peña, además de los músicos Javier Arasti y Pilar Pérez.

Luis Carlos Blanco, Presidente de la Tertulia Caleidoscopio

SARAMAGO

Reciéntemente leí un artículo en El Mundo sobre Saramago acerca de su última novela El viaje del elefante. Transcribo aquí la frase que a propósito de la escritura de la misma dice: "Son las novelas las que deciden cómo tienen que ser escritas". Estoy de acuerdo con él. Aunque no tengo ni el talento ni la disciplina necesarios para acometer la gran empresa de escribir una novela, sí que he escrito una novela corta (Los versos de Ibn Abdüm). Durante el proceso sentí como la propia historia me arrastraba, los personajes parecían tener vida propia y yo era una mera transmisora de sus sentimientos y peripecias. Sigo pensando que tal vez sea posible la vieja metáfora de Platón en La caverna de las ideas. En este caso, en lugar de ideas son las novelas, los cuentos, los poemas, los que habitarían en un mundo luminoso y paralelo. Un universo al que sólo tienen acceso directo los medium de la literatura, los escritores. Y a través de ellos, el resto de los humanos podrían acercarse a ese lugar en el que todo es posible.

Supongo que los que opinan que para escribir se necesita talento y trabajo dirán que sólo escribo sandeces. El talento es una faceta más de la inteligencia. Se nace con él, se potencia, se cuida para que fructifique o bien se pudre si no se sabe cultivar. Pero no tiene nada que ver con otra dimensión ajena a la nuestra.

¡Qué quieren que les diga! Los científicos siguen descubriendo partículas dentro de partículas que se creían indivisibles, y hasta dentro de esas partículas parecen habitar las cuerdas, que guardan el secreto de todas las dimensiones posibles. Como decía José Carlos Somoza en ZIg Zag, si se manipulan las cuerdas se pueden manejar esas dimensiones, y tal vez esa sea la puerta de entrada a ese hipotético mundo. No obstante, prefiero quedarme con las visiones parciales y fugaces que me llegan y permiten que perpetre algún relato.

Por mi parte, leeré a Saramago, uno de los magos que nos hacen soñar y temblar con otros mundos posibles (como en El ensayo sobre la ceguera).

VELADA POETICA

LaTertulia Caleidoscopio celebrará su velada poética el proximo miércoles 17 de diciembre.

La cita es en el Bar la Trastienda, a las 20:30, en Burgos.

Los escritores de la tertulia leerán sus poemas y las actrices, con las que tenemos la suerte de contar, harán monólogos y declamarán algunos poemas.

Os invitamos a que toméis una copa y celebreis la POESÏA con nosotros.

 

DE NUEVO TOKIO BLUES

Como a muchos, supongo, me ha encantado esta novela de Murakami. Aunque desde luego no la recomiendo a aquellos que sufran de depresión  o cualquier otro trastorno similar. El libro rezuma tristeza, pero también lirismo y, sobre todo, amor, verdad, amistad. Los personajes son gente, en esencia, buena, a los que el destino les ha dotado de una incapacidad para aceptar sus vidas. Uno de los personajes deambula sobre el filo de la navaja, entre el mundo real y el de los que luchan por pertenecer a dicho mundo. Y en ese límite intenta no defraudar a los que le quieren, ser honesto porque tal vez no sabe ser otra cosa, trabajador aunque ignore con qué fin, estudioso aunque no le interese el objeto de su estudio. Como muchos, camina sin saber por qué y para qué, simplemente algo en su interior le indica que así debe ser.

Sólo me resta decir que lo lean, pero cuando tengan una época feliz en sus vidas. Hay dos razones para ello: la primera, porque de otro modo la novela les arrastrará al abismo -existe  una gran dosis de desesperanza y derrota entre sus páginas- y, segunda, para valorar su estabilidad emocional, para ser conscientes del privilegio que supone la salud mental y para que comprendan y ayuden a los que no son tan afortunados, a los que en algún momento de sus vidas su cerebro hace un click y les aleja de la realidad.

Ciudades clónicas

Ciudades clónicas

 

No consigo acordarme de algo que me ha sugerido la visión de un reportaje sobre Singapur. En él se mostraban los flamantes rascacielos, construidos según las reglas del feng shui, así como la mezcla de restaurantes tradicionales con los modernos. La gran cantidad de tiendas es realmente abrumadora, y el clima, siempre benigno, anima a pasar el día en la calle. Las calles están limpias, porque tirar un papel supone una multa de 60 euros, y escupir sale más caro. Los guardias llevan una cámara de vídeo en ristre en lugar de un arma, y la consigna de los ciudadanos es: "trata bien al extranjero, no le pongas mala cara, pues nos trae dinero"  -me ha salido un pareado-. Al cruzar de un barrio a otro puedes toparte con un buda y después con una tienda en la que vendan sangría embotellada y chupachups. Y, cómo no, una calle contiene las tiendas más exclusivas, como las que puedas encontrar en París o Nueva York. Recuerdo mi último viaje, a Praga, tras quince años de ausencia, y también desde el río, caminando hacia la plaza del reloj y en las proximidades del barrio judío, también hay otra calle que llaman París por la similitud a los Campos Elíseos. y resulta que vas al mismo París y te topas con Zara. No sé, todo resulta muy confuso. Porque al final viajar consistirá en aterrizar en otra ciudad clónica, en la que la comida sea la misma, con las mismas franquicias, y los mismos cafés modernos y deshumanizados. Me encantan las ciudades, sí, pero hoy en día se corre el peligro de despertar y no saber dónde te encuentras.

otro enlace interesante

 

Si entráis en www.pag2.es entre otros podréis encontrar un concurso de microrrelatos que comenzará el próximo 1 de diciembre, como máximo pueden tener 25 palabras. Me he llevado una sorpresa cuando he visto que el ganador de uno de los meses ha sido un burgalés: Enrique Angulo Moya. Dice así:

La llegada a Ítaca:

penélope a ulises: A ver qué historia me cuentas para justificar los años que has faltado. Y se inventó la Iliada y la odisea.

En la misma página podéis ver un avance del programa de televisión que se emite la tarde-noche de los domingos por la 2. Es un programa refrescante y ameno en el que podemos encontrarnos con autores muy conocidos que leen un fragmento de sus propias obras. También recomiendan lecturas y proporcionan webs e informan sobre concursos. Si no lo conocéis animaos a verlo alguna vez.

 

conexiones 2

conexiones 2

El otro día charlaba con una amiga que me había prestado La montaña mágica, de Thomas Mann. Le decía que el libro me superaba. Me parecía que estaba muy bien escrito, pero que no conseguía engancharme. Todo buen lector parece haberlo leído, por lo que me quejé ante mi incapacidad y mi desidia. Ella me contestó que tal vez no era el momento más adecuado en mi vida para leer dicha novela, sin embargo sí que apareció en la suya en un momento en el que se identificaba plenamente con sus personajes y el ambiente. Yo le hablé de las excelencias de Tokio Blues, que me había enganchado desde la primera página. Y mira por donde, el personaje Watanabe, que suele narrar los acontecimientos de su vida acompañándolos de la cita del libro que lee en esos instantes, anuncia que está leyendo La montaña mágica. Lo que viene después, no lo cuento no sea que alguien desee leer a Murakami. Pero la verdad es que me ha animado a retomar esa lectura que pretendía abandonar, al menos temporalmente. Si a Murakami le fascina tanto como para escribir -y no digo más- inspirado en dicha obra me parece que tendré que leerla. ¿Qué tiene esa novela, tan extremadamente larga, en la que no hay practicamente acción? Además de estar muy bien escrita, cosa que no niego. Supongo que yo, simple mortal, no soy nadie para prejuzgar tan magna obra y debo opinar tras finalizar su lectura. Sería bueno, además, realizar el mismo recorrido literario que Watanabe. Así que desde aquí me comprometo a terminarlo, eso sí, cuando Wakanabe cese de contarme su historia.

Tokio Blues

Se acortan los días. Lejos de entristecerme pienso que el proceso terminará en algún momento y se invertirá para regalarme más horas de sol. Sigo emocionándome con lecturas como Tokio Blues, de Murakami. Es curioso como a veces pensamos que personas tan aparentemente ajenas a nuestra cultura son distintas. He de decir que lloré con la primera página de la novela. Las palabras de Murakami parecían brotar de mi propio banco de recuerdos, como si ambos compartiésemos un mismo pasado, como si hubiéramos vivido los mismos segundos de suprema intensidad y belleza. Después, en una película británica que acabo de ver, retratan con su peculiar sentido del humor pasajes de una vida que podría haber sido la mía, y, de nuevo, los sentimientos eran tan idénticos que daban escalofríos. Supongo que nos creemos el ombligo del mundo, que lo que pasa por nuestra mente es exclusivo y único, sólo nuestro. El arte es capaz de reconciliarnos con los otros, con los que también sufren o gozan en algún momento de sus vidas. Y así, mientras la oscuridad domina sobre la luz, vuelvo mis ojos a las palabras y transito como Wakanabe, a veces sin saber por qué, pero caminando, respirando, comiendo, estudiando, sin esperar que me sorprenda el destino, maravillándome con sus sospresas, disfrutando con el mero hecho de hacer una tarta de manzana y compartirla con mi pareja.

NO SON SÓLO PALABRAS

Bajo este sugerente título se esconde un libro luminoso. El adjetivo se encuentra plenamente justificado cuando abres el ejemplar por cualquiera de sus páginas y el azul del mar parece escaparse del papel, las olas acunan las palabras, que parecen escritas por seres entrañables y sabios como las estrellas de mar. Javier Gil ha recogido en este volumen, bellamente ilustrado por los alumnos de Autismo Burgos, muchos de los cuentos con los que nos ha alegrado la vida estos años. Cuentos que además de una sonrisa provocan una reflexión. Pero lo que más me maravilla es la falta de pudor de Javier Gil para hablar de amor. Y no lo hace de forma superficial, sino con todo el peso de la palabra y con una sencillez que descoloca y seduce. Cuesta mucho hablar de amor, y mucho más en primera persona. Pero el lo resuelve de un modo natural, como natural es el hecho de amar por mucho que lo queramos vestir de lagarterana. Solo me resta recomendar encarecidamente su lectura. No defraudará.

Conexiones atemporales

Hace algunos años me sorprendí de nuevo ante las puertas de un aula en la que iban a iniciarse los temidos exámenes de selectividad. Pero en esta ocasión no era una alumna de COU, sino una profesora de biología que acompañaba a sus propios alumnos a tan importante cita. Juro que me sentí casi tan nerviosa como ellos, como si yo misma tuviese que someterme a una retahila de preguntas y problemas que debería superar para poder entrar en la universidad. Veinte años habían transcurrido desde aquel día en el que enfilé la cuesta que me conducía todas las mañanas al instituto, sin libros, sin carpeta, y con un par de bolis bic por si fallaba alguno. Tanto a mis alumnos como a mí nos fue bastante bien, y me consta que muchos de ellos son universitarios, incluso una de ellas estudia cuarto de ciencias biológicas.

¿Por qué les cuento esto? Por que ayer mismo tuvo lugar otra de estas conexiones en el tiempo, un pequeño milagro que me devolvió a mi aula de COU, a una clase de biología que no olvidaré jamás. Nuestra profesora, que tiene un nombre muy boánico -Hortensia-, nos estaba explicando el origen de los orgánulos celulares y nos habló de la teoría endosimbiótica. ¡Qué quieren que les diga!, además de Paul newman, me fascinan las células, su organización, y sobre todo, su origen. Aquel día, nuestra profesora, que de forma tan entusiasta y profesional impartía sus clases, nos trajo la primera separata que vi en mi vida y era un artículo de Lynn Margulis. También resultaba estimulante que una mujer se abriese camino en un mundo dominado por hombres y plantease unas ideas tan maravillosas y bien sustentadas en los hechos científicos. Nunca sabrá Hortensia cómo me influyó aquella clase, cómo me reafirmó en mi deseo de ser bióloga y cuánto le agradezco que nos proporcionara aquel artículo de Investigación y Ciencia que aún conservo. Volviendo al tema inicial, les diré que ayer pude ver y escuchar a Lynn Margulis, en un foro repleto de alumnos y profesores. Sólo espero que Hortensia también haya tenido la oportunidad de ver a esta científica con mayúsculas, que además de brillante resultó ser muy humana y divertida. Habló en español y comenzó su exposición con una diapositiva con su foto en la que se leía: Sabemos tan poco.

Entonces supe que su intervención no me iba a decepcionar. Lynn Margulis nos regaló después la siguiente frase: "La ciencia es la búsqueda de la verdad... nos guste o no", del físico David Bohm. Y después comenzó a desgranar la pregunta madre de todas las preguntas: ¿qué es la vida? No voy a transcribirles el resto de la conferencia, pero sí a decirles que fue extraordinaria, y que finalizó con otra frase: Tengo que aprender, no sé.

Nadie como ella encarna el espíritu científico y la humildad de reconocer que debemos seguir aprendiendo, cuando otros no hacen más que colgarse medallas. Me quedo con la frase del físico, en la que ella sabiamente insistió: " la ciencia es una búsqueda..."   Mil gracias, Hortensia.

Más enlaces interesantes

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