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anamayoral

Muerte a los imbéciles

Como avanzaba en la última intervención, ya tengo el nuevo libro, Muerte a los imbéciles, entre mis manos. Ignoro si ya está disponible en las tiendas. No obstante, por si a alguien le interesa y quiere pedirlo en su librería habitual, lo distribuye Ediciones Beta III Milenio (www.edicionesbeta.com).

Como avanzo en la carta a los lectores, el libro comprende una colección de relatos bastante ecléctica: surrealistas, románticos, divertidos, fantásticos, de corte social, etc Tambien su extensión es variable. La selección de los cuentos la realicé pensando en los libros de relatos que me gustan, los que tienen temática y estilos variados. Me aburren las recopilaciones que tratan sobre el mismo tema, escritos con la misma técnica en los que al final confundo unos con otros, porque en definitiva son -como decimos en el argot científico-, "salamis", es decir, rodajas casi idénticas del mismo embutido. Cuando leo cuentos me gusta que la bandeja se encuentre bien surtidita, con jamón, lomo, queso, etc. Lo homogéneo me resulta terriblemente aburrido.

Borges de nuevo

"Publicamos nuestros libros para librarnos de ellos, para no pasar el resto de nuestras vidas corrigiendo borradores" Borges

Una verdad como un templo. Creo que si no se publicarán me pasaría la vida revisando y revisando. y lo que es peor, me encontraría siempre fallos, frases que no me gustan. Hay que liberar los libros, que llegan a ser un pesado lastre ante la necesidad de ofrecer una obra redonda, redonda a la medida de nuestras posibilidades y conocimientos. Algo así me ha ocurrido con Muerte a los imbéciles, que espero que salga en navidades. Contiene cuentos revisados hasta la extenuación, lo cual no garantiza que las erratas no se hayan escapado a mi control. Al menos me queda la tranquilidad de haberlo intentado, como lo han hecho los amigos que han leído el manuscrito o algunos de los cuentos que lo integran. Tengo muchas ganas de tenerlo entre mis manos, y eso en este no he sufrido tanto como en Los versos de Ibn Adüm, que me autoedité. ahora dispongo de editora y de editorial (Edicioens Beta), que corre con los problemas tediosos de la edición. Está bien pasar ese proceso alguna vez para conocer cómo funcionan los entresijos de la publicación, pero resulta toda una delicia dejar el manuscrito en otras manos y dedicarse a lo que a una verdaderamente le interesa y le gusta: escribir.

 

 

 

Las alas detenidas de Esther Ortega

Con una alegría inmensa me detuve en esas "alas", y creánme que no me defraudaron las perlas que encierra el poemario de Esther Ortega, Las alas detenidas. He tenido el privilegio de leer algunos de los poemas antes de ser publicados, y de ser testigo del alumbramiento de algunos de ellos, lo cual es un milagro en estos días en los que la poesía sobrevive a duras penas, gracias a unos seres dotados de una sensibilidad a prueba de bomba. He leído los comentarios del bello prólogo que le dedica Jorge Villalmanzo, pero yo me quedo con las imágenes de la naturaleza de muchos de los poemas en los que es posible oler, ver e imaginar los ríos, las nubes y toda una explosión de elementos que nos conectan con nuestra madre Tierra. También me quedo con esos poemas más íntimos, como el de las metáforas de la costura. Se trata, en definitiva, de un libro hecho con mimo, delicado como esas alas detenidas, alas de mariposa y de vida.

otoño

Desde mi despacho veía como dos caballos pastaban los verdes brotes que el otoño había regalado al paisaje agreste de Castilla. Los chopos derramaban láminas de oro frente a un sól inesperado. Hoy la niebla lo atenaza todo, y no es una metáfora sino una realidad palpable y gélida que moja el corazón. Tengo la sensación de vivir en una nube en la que el tiempo se ha detenido y necesito que el tiempo se estanque en una laguna clara, en calma, en la que no exista más que el rumor templado de las aguas. Sólo deseo un día de lectura, de escritura gozosa, un día de pesca en el que capture poemas y cuentos, volver a mi casa con el cesto cargado de nuevos seres que le he robado a la naturaleza. Sé que ocurrirá, y que esos entes aún sin forma palpitan en cierto modo en mi cabeza, y que en algún momento tendré la serenidad necesaria para hacerlos míos. Por ahora sólo atrapo estas frases, que ignoro si interesarán a alguien, pero que me permiten mantener un débil hilo, una conexión con el otro mundo en el que a veces habito, el abismo que ahora niego, la brecha que me separa de los otros y que no siempre te lleva a lo más alto pero da sentido a la existencia: la literatura.

coincidencias curiosas

Es posible que me falle la vista. Tal vez sea una breve alucinación, pero cuando observé la fotografía del matemático ruso de apellido impronunciable automáticamente me encontré con la imagen de Gasol. No crean que soy adicta al deporte en televisión. Tampoco leo la prensa deportiva. Es más, me espanta cualquier tipo de deporte, especialmente el fútbol, aunque hay acontecimientos deportivos de los que una no puede escapar. ¿Nadie se ha percatado del parecido entre ambos personajes? Lo más probable es que a poca gente le haya interesado la noticia del premio a un excéntrico matemático en el pasado Congreso Mundial de Matemáticas, matemático que ha resuelto el enigma de Poincaré que debe ser el sumun de las matemáticas. Volviendo a las fotos, ambos personajes me parecen igualitos: melenudos, de aspecto huraño y osuno. Me recuerdan a un cazador perdido en los bosques de Norteamérica, vestido de pieles y con la escopeta al hombro. Sus ojos y la abundancia de su vello facial y craneal destilan una especie de ferocidad contenida. Quizás sea la huella del genio, pues los dos son los mejores en sus respectivos campos. Creo que lo desean, en el fondo de su alma, es lograr sus objetivos sin ser acribillados por la fama. El matemático saltó a los medios de comunicación por rechazar el premio y porque se cree no aceptará otro de gran cuantía.

Nieve y silencio, de David Lorenzo Magariño

David Lorenzo Magariño presentó ayer al público burgalés su novela corta Nieve y silencio. A pesar de la brevedad del género, su obra permanecerá para siempre en mi recuerdo porque como decía Inés Praga, David es capaz de desnudar el alma y de sacar a la luz los sentimientos que todos ocultamos. Nieve y silencio es una novela de escasa acción, plagada de reflexiones sobre la vida y la muerte.             Inés Praga, profesora de literatura de la Universidad de Burgos, nos sorprendió con su verbo ágil, certero, no exento de sentido del humor. La verdad es que ayer envidié de nuevo a David, no sólo por escribir como lo hace, sino por no tener la oportunidad de acercarme a Inés Praga una tarde de lluvia para hablar de literatura. Yo sí que aceptaría ese té, no me gusta la cocacola light, y no le ofrecería los cigarrillos que ella ya no fuma, pues hace tiempo que desterré al tabaco de mi vida terrenal -aunque he de confesar que no de la onírica, pues de vez en cuando fumo en sueños-. Inés Praga dijo que hay escritores de interiores y de exteriores. David, claramente, es de los que desgrana el interior del alma humana, yo soy más de exteriores, prefiero narrar historias, perfilar personajes para que vivan después en los recuerdos de los lectores. No obstante, a mí me gustaría escribir como David, ser capaz de componer una obra que conmueva profundamente a todos aquellos que la lean. Sin embargo mis capacidades creativas no van por esos derroteros. Tal vez mi destino literario sea divertir y entrener, algo no menos noble aunque pueda parecer superficial. La literatura no sólo es arte sino también evasión, y si consigo que alguien se olvide de sus problemas mientras lee mis cuentos creo que mi trabajo ha merecido la pena.Por otra parte, Eliseo González intervino, con el tono intimista que le caracteriza, y nos leyó los fragmentos finales de Nieve y silencio. No atentó contra la buena costumbre de ocultar el desenlace, pues el final no es nada más -ni nada menos- que un conjunto de pensamientos a modo de aforismos que remueven los cimientos del corazón. Sólo voy a citar uno de ellos que dice algo así: "Anhela algo el tiempo suficiente y ya no lo querrás". David, ¿de dónde sacas estas cosas con tan sólo veinticuatro años? Yo he necesitado muchos más hasta llegar a ese convencimiento doloroso que luego se convirtió en liberación triste, pero liberación al fin y al cabo.No quiero olvidarme de Jorge Villalmanzo, entrañable poeta al que todos llaman para que vista de colores luminosos las presentaciones. Porque Villalmanzo es capaz de soltar las perlas más brillantes y provocar la hilaridad de la audiencia con esa cercanía que sólo da la naturalidad y su amor por la literatura. He pasado unos ratos increíbles leyendo su  Un japonés en mi interior.Cierro esta larga intervención con las palabras de Pessoa en Desasosiego, que brotaron ayer tarde de la boca de Inés Praga, perdónenme por la falta de exactitud: es difícil conjugar el oficio de escribir y el de vivir. El arte y la vida son enemigos implacables. 

He vuelto

La verdad es que no me había marchado, o tal vez es que voy y vengo como las olas del mar y no llego a estar nunca en la playa, sólo la beso tímidamente, y jamás consigo anidar en las aguas oscuras del otoño, a pesar de que intento bracear, mar adentro. En este limbo no hay espacio para la literatura, así que perdónenme por tener abandonada esta bitácora. La nave perdió el timón y el ancla, si se me permite la metáfora marina. La nave se encuentra perdida en un limbo tenebroso, en una calma chicha, amarrada al vacío por los sargazos, las algas que Colón encontró en su viaje a las Indias. Me encuentro como Colón durante aquellos días de quietud forzosa que tan bien refleja en su diario. Sé que algún día el viento soplará y las velas me arrastrarán hacia algún lugar-mar o playa-, en el que encontraré palabras, y las palabras tendrán un sentido diferente, y se ordenarán formando una nueva historia, una historia que hoy sólo vive en mi imaginación. Ya siento la fuerza de la brisa, ya regreso.

Velada poética

Tras leer la entrevista de Benedetti que publica el dominical de El País -últimamente sólo leo dominicales-, me he alegrado mucho más de que nuestra tertulia Caleidoscopio cuente con la colaboración de Javier Gil, la cita será el miércoles 20 a las 20:00 en el Plaza de Nueva de Burgos. ¿Y por qué me alegro? Porque Javier nos va a sorprendir con este poeta, que es su especialidad y con otras piezas que no me ha querido desvelar. Espero que todos disfrutemos de una noche distinta, respirando poesía.

El plagio

Comienzo a pensar que esto del plagio es algo patológico, porque resulta que de nuevo "presuntamente" han trincado a Lucía Etxebarría copiando unas frases de un psicólogo, el cual no se ha cortado un pelo y la ha denunciado. En algún caso es posible que plagiar se haya convertido en un vicio irrefrenable como la cleptomanía. Es posible que leamos cosas, y saturados de información, confundamos nuestros pensamientos con los de otros cuyos textos hemos leído. Como me decía una buena amiga, nadie puede inventar nada nuevo, sólamente podemos aportar diferentes visiones de viejos problemas, como el amor, la muerte, la enfermedad, la belleza. También es probable que como a esta escritora ya se la ha cazado en una ocasión, los buscadores de plagios se ceben con ella y pasen por alto los de otros escritores. En mi caso, cito siempre a las fuentes de las frases, ideas, o textos que comento. Pero claro, puede que la memoria me juegue una mala pasada y dé por propio algún texto ajeno. Espero que no me ocurra nunca, me moriría de vergüenza. Para los que gusten de leer sobre estos asuntos, recomiendo la siguiente página:

http://kevin.perromat.neuf.fr/plagio/ENTRADA.htm

Fotografía

El hombre parecía hundido en un mar ligeramente ondulante, cuyos reflejos eran producto de los rayos de un sol otoñal velado por las nubes. Los transeúntes caminaban sobre las aguas como dicen que caminó Jesús hace casi dos mil años. Pero el hombre de ropas raídas no conseguía emerger de la capa de petróleo oscuro que parecía cubrir el océano. Nadie se percataba de la soledad del hombre, de sus inútiles intentos de incorporarse, de sus lamentos que reclamaban la ayuda de los que parecían sordos o ciegos. El agua lo había atrapado con sus redes invisibles y sus pies se habían quedado anclados en alguna parcela de tierra desconocida.

Era un tullido, con amputaciones a la altura casi de los muslos, que se erguía dignamente sobre los adoquines barnizados de una lluvia reciente. El hombre navegaba en una instantánea de postguerra, rodeado por personas que tal vez tenían otros miembros segados por la contienda pero que aún caminaban en un día húmedo y oscuro, magistralmente retratado en blanco y negro.

Imagen aparecida en el dominical Semanal del 10 de septiembre de 2006.

José Luis Sampedro

"Yo no escribo lo que vivo sino que vivo lo que estoy escribiendo". La senda del drago.

Manuel Azaña

si en este país la gente hablara sólo de lo que entiende, se extendería un gran silencio que podría ser aprovechado para estudiar.

Estoy harta

Sí, estoy harta del puñetero estrés postvacacional. Más que nada porque este año formo parte de ese colectivo que  no ha podido disfrutar de unas placenteras vacaciones. Me las he pasado en un hospital, como muchas otras personas, cuidando de un enfermo. Vuelvo al trabajo con un agotamiento profundo. El sufrimiento destroza, mucho más que las horas en vela. Otras personas no habrán tenido dinero para procurarse un verano lúdico, otras ni siquiera habrán disfrutado de días libres. En buena parte del mundo la gente se muere por la guerra, el hambre, la enfermedad y aquí, en nuestra burbuja particular, se abren los telediarios y la prensa con este síndrome tan grave provocado por habértelo pasado bien durante unos días.¡Qué quieren que les diga! Cuando he disfrutado de un viaje placentero o de una estancia en la playa he regresado feliz, como nueva, dispuesta a todo. Más vale que la gente se quede en su casa y deje de quejarse por imbecilidades, o que se den una vuelta por un hospital durante un ratito. Seguro que se les quitará el estrés.

Glenn Ford

Hoy ha muerto Glenn Ford a los 94 años. Le dediqué un cuento, que aparecerá en mi próximo libro: Glenn Ford en mi habitación. Su rostro permanecerá en mi memoria. Desde este espacio virtual le rindo un sincero homenaje. Hasta siempre, pues vive en las películas que nos regaló.

Las niñas del Sagrado

Cuando estudié dos interminables años en el colegio del Sagrado Corazón de Jesús nunca fui consciente de lo que aquella congregación religiosa significaba en el ámbito de la educación católica y, menos aún, en la literatura. Muchos años después, tras leer Conversación en la catedral de Vargas LLosa, me topé con las jóvenes educadas en esta institución que constituían el grueso de las niñas bien de Lima. Un amigo que se crió hasta los dieciocho años en el Perú también me habló de las niñas del Sagrado y se sorprendió cuando le dije que yo era una de ellas. La verdad es que yo también me sorprendí mucho con el descubrimiento. Mi colegio se encontraba en un barrio obrero de Madrid, lo regentaban unas monjas sudamericanas -mi maestra era peruana, para más señas-, y no debía ser muy caro porque mi padre también es un obrero y no nos lo podríamos haber permitido. Recuerdo que el grueso de las horas de clase se dedicaba a la costura y a los trabajos manuales, tareas que siempre he odiado con gran intensidad. También nos explicaban algo de música e inglés. Por los años 70 no era muy frecuente en la escuela pública que se estudiara música y menos inglés, eso sí que me gustaba. Cuando pasé de nuevo a la escuela pública empecé a suspender matemáticas, la profesora le explicó a mis padres que no tenía base. Para las niñas del Sagrado sólo era importante coser y entretenerse con la música. Nada más.

Para la alta sociedad norteamericana ser católico significaba pertenecer a una élite, y eso precisamente fue lo que pretendieron al matricular a la huérfana  Mary McCarthy en el Sagrado, colegio en el que estudiaban las hijas de las mejores familias de Seattle. El objetivo estaba claro: lograr un buen matrimonio que permitiera ascender a esa sociedad privilegiada. La escritora narra su propia historia en Memorias de una joven católica. En el libro explica cómo comenzó a cuestionarse la fe en el propio colegio y cómo intentaron imponérsela. McCarthy se desvió finalmente de esta senda perfectamente trazada e incluso inició una "militancia política radical" y se dedicó a la literatura. Sin embargo, el Sagrado logró al menos uno de sus propósitos. La escritora se casó con el crítico de literatura más respetado de su país. ironías de la vida. Esta historia la narra Félix de Azúa en Lecturas compusivas.

Pienso en Mary, y me identifico plenamente con ella, a mí me bastaron sólo dos años en el Sagrado para dudar de todo para terminar no creyendo en nada.



 

KARI STEFANSSON

Este islandés, que aparece retratado por John Carlin en la serie que El País ha dedicado este verano a Islandia, manifestaba que "La mejor forma de ser creativo es leer. El lenguaje es el instrumento de las ideas. La mejor forma de enseñar a la mente a pensar es la buena literatura". Entre sus autores favoritos se encuentra Borges, Shakespeare, Neruda, Conrad y García Márquez. Stefansson destaca el amor por la literatura del pueblo islandés. Dado que ha sido profesor de medicina en las universidades de Chicago y Harvard, y que en la actualidad dirige una importante empresa de biotecnología en su país, está claro que la literatura ha estimulado su creatividad, y una vez más es la prueba viviente de que el científico también necesita al arte para desarrollar su inteligencia  y colmar su espíritu. Si una persona tiene curiosidad por la vida, también la tendrá por cualquier forma de arte.

 

FUNERALES CHINOS. MI TESTAMENTO VITAL.

Ignoro desde cuando los chinos contratan strippers para amenizar sus entierros, pero según una noticia que he leído recientemente en la prensa nacional -EL PAÍS o El Mundo, no recuerdo-, practican esta curiosa costumbre para atraer a la mayor cantidad posible de gente. Parece ser que cuanto más concurrido sea el funeral  "el difunto se sentirá más querido". Esta idea, que puede parecer más que descabellada en nuestra sociedad de corte católica, creo que resulta más sana que nuestras actuales ceremonias fúnebres. Ya empiezo a hartarme de que los sacerdotes monopolicen nuestro nacimiento y nuestra muerte -por no hablar de otras actividades en las que también se inmiscuyen-. Recientemente tuve que escuchar en la misa por un ser muy querido que allí estaban sus despojos, señalando el ataud. Lo hubiera abofeteado. ¿Cómo se puede hablar a la familia y amigos de los despojos de alguien a quien han perdido?

Personalmente los discursos de los curas no me consuelan, ultimamente sólo me cabrean. Alargan inutilmente el sufrimiento, intentando vestirlo de alegría por el encuentro con el ser supremo, ese ser que nos abandona a nuestra suerte en este mundo. Y la mayor parte de la gente sólo se topa con la mala suerte.

Por mi parte sólo pido que cuando muera mi cuerpo no pise una iglesia, no deseo misas ni ningún funeral católico ni laico. Sólo deseo que me incineren, y que si alguien desea acordarse de mí que escuche alguna pieza de ópera, que lea algún poema, que disfrute de un baño en el mar o que pasee por un bosque hermoso. Los que me quieran me llevarán en su corazón, no deseo torturarles con largos actos que sólo produzcan pena. Tomaos un vino a mi salud, pero lejos de la iglesia.

Clara y la penumbra

El arte y el horror, este es el binomio que preside Clara y la penumbra, la novela de José Carlos Somoza, autor que estoy leyendo con auténtico placer este verano. En esta obra Somoza lleva el arte pictórico hasta cruzar límites que atentan contra toda ética. Los personajes se mueven en un mundo en el que cualquier medio está permitido para lograr el objetivo del artista. El arte se encuentra dominado por grandes entes, que en apariencia estan al servicio de la cultura pero que sólo persiguen el enriquecimiento de los que los dirigen. Una gran maquinaria se dedica a producir y distribuir arte, a crear y destruir artistas, a decirle al mundo qué es arte. A los que no nos convence mucho el arte moderno y casi nos quedamos anclados en el impresionismo francés, esta fábula terrible nos confirma en cierto modo lo que nos tememos, que todo es un inmenso negocio en el que los cuadros no son más que objetos a los que se dota de un valor ficticio para sacar el dinero a los nuevos ricos. Esta novela sobrecoge, y a pesar del horror no puede abandonarse su lectura. El autor no sólo inventa un negocio, sino un movimiento pictórico e incluso un lenguaje que se convierte en el argot del mismo. Y, como escenarios de la trama, Somoza elige varias ciudades europeas, entre las que se encuentra mi querida Amsterdam, y la zona que alberga los museos más importantes. Tan sólo eché de menos una descripción más detallada de la atmósfera de la ciudad, que continuamente viste de lluvia. Amsterdam también es una explosión de colores a pesar de la oscuridad y la penumbra de las tardes otoñales, una ciudad libre en la que la mezcla de aromas no empalaga. Una ciudad en la que todo es posible aunque no llegue a serlo nunca.

LA VIDA

La vida curte. El alma es una piel virgen, rasurada nada más nacer, que queda expuesta a las inclemencias de los días. Es preciso mantenerla limpia, flexible e hidratada, reparar los arañazos, protegerla de agentes químicos. Pero a veces no hay coraza que resista los ataques de la vida, ese conjunto de cosas y acciones que nos rodean, agradan, degradan o agreden -si se me permite el juego de palabras-. Entonces sólo queda esperar hasta que el daño cese, y entonces, sólo entonces, revisar los desperfectos, averiguar  hasta dónde ha penetrado la lija del dolor, y reparar la tersura, la suavidad, la firmeza. Ahora percibo como una uña gigante desgarra la piel de mi alma  y tengo atadas las manos. Habrá que someterse a esta tortura sin oponer resistencia porque no serviría de nada lo contrario. ¿Seré budista sin saberlo?

Coetzee

En su novela Desgracia, el premio Nobel consigue lo que decía Auster (y podeis encontrar en el apartado de citas interesantes), llegar al lector sin que parezca que hay un intermediario. Su prosa carece de artificios, es equilibrada pero capaz de cortar como una cuchilla cuando es preciso. El libro indaga sobre el valor de las personas para elegir su propio destino aunque parezca absurdo y autodestructor. Algo así como cuando el capitán decide hundirse con su barco antes que salvar la vida. También nos da una lección de amor y de supervivencia. Es una novela en la que las acciones son escasas pero contundentes, y el autor nos conduce a través de los personajes a reflexionar sobre lo que no comprendemos.

Como todos los buenos libros, no deja indiferente.