Félix de Azúa El Páis 19 marzo 1987
En un ensayo sobre los Diarios de Thomas Mann, escribe: "La falta de ambición es uno de los elementos más destructivos de la buena literatura".
En un ensayo sobre los Diarios de Thomas Mann, escribe: "La falta de ambición es uno de los elementos más destructivos de la buena literatura".
Si en la publicidad de google se cuela un concurso de poesía que tiene como reclamo 150 euros de premio, se trata del Centro Poético, que luego pedirá dinero a los participantes en dicho certamen para ver su obra publicada. A pesar de las múltiples denuncias y de que los escritores han eliminado de sus curricula cualquier referencia a este centro, sigue apareciendo de vez en cuando. No puedo eliminar dicha publicidad pues los anuncios del google van aparejados a esta blog gratuita. Disculpen las molestias.
Es curioso. Publico un texto titulado Un velero y el google me cuela anuncios naúticos. Me parece que ciertos títulos pueden ser peligrosos. Lo tendré en cuenta.
La estructura metálica que soporta la cubierta cruje como los mástiles de un velero antiguo. Si cierro los ojos puedo imaginar que en alta mar descansan mis huesos, flotando en un cascarón de madera. Las velas son en realidad los cristales, que oscilan con el viento del oeste. Mi corazón se dirige hacia el norte, desea cruzar las cumbres que se ocultan tras una luz neblinosa.
Llegan con el viento voces y músicas entrecortadas, como ráfagas de notas que al compás de las olas se acercan y luego desaparecen. La melodía sesgada por la brisa es caótica y errante, interrumpe el navegar discreto del armazón de acero. En el cielo ni una nube saluda a mis miradas. Este barco anclado firmemente al suelo vive su singladura ajeno al mundo circundante. El río regala destellos de plata entre los castaños de La Isla y la Catedral vigila el curso de la tarde desde su recién estrenada blancura.
Sé que el bosque donde anida la abubilla es otra isla que domina el ancho mar, hoy plagado de pequeñas naves. Recuerdo los primeros viajes y las olas verdes frente a los cristales, hipnóticas de luces: olas de pan futuro que reconfortaban. Tan sólo los animalitos de las profundidades surcaban las aguas libres y, al final del verano, unas inmensas máquinas liberaban de agua los campos. Todo era verde y fresco desde este barco que cruje.
Hoy he replegado algunas velas para no verme arrastrada por el viento de la tarde. Navego en un crucero de placer sin lujos, porque voy en zapatillas y tengo el pelo revuelto. La ropa tendida cuelga, a modo de banderines multicolores, y llega la música, como de verbena, solapada por los ladridos de perros esclavos. La campana triste de la iglesia anuncia que son las nueve de una tarde preñada de luces hermosas. Es la música del verano teñida por los gritos de los vencejos. Debe ser la paz perdida, la calma cimbreante, la muerte que embelesa.
Ana Mayoral
Publicado en Entelequia, especial La Música
Asunción Sasamón realiza un trabajo para un curso de escritura creativa a distancia y elige como libro para comentar El diario de Bridget Jones. Estas son algunas de las opiniones del personaje que con sus cartas desquicia a los inocentes destinatarios (publicado en Los versos de Ibn Abdüm y otros relatos, Ana Mayoral 2005. Edición de la autora).
2. Resumen del libro
Yo creo que el libro se resume en una frase: "Mujer con baja autoestima". Así, sin más. Bridget sólo piensa en ser atractiva para gustar a los hombres, porque cree que no lo es y decide cambiar a toda costa su imagen y su carácter. Como no lo logra, eso le genera una mayor frustración y se atraca de porquerías y drogas legales para satisfacer su vacío interior. A su vez, el atiborramiento le provoca un malestar aún mayor, por lo que la situación se resume también en una frase: "La pescadilla que se muerde la cola".
3. Contexto socioeconómico y cultural
Bueno, creo que esto lo domino más. He leído muchos libros de autores ingleses actuales. Todos están cortados por el mismo patrón y sus personajes cumplen a rajatabla una serie de insanas costumbres y así les va. Salen a trabajar después de engullir un desayuno atascador de arterias: huevos con bacon ¡fritos con mantequilla! Sólo de pensarlo me dan náuseas. Con lo sanas que son las galletas maría. Y luego, en el almuerzo, un emparedado de huevo. Siempre me he preguntado si tendrá sólo huevo, si estará cocido o frito. (Yo prefiero un pincho de tortilla de "La cueva" los días de mercado. No hay nada igual). Luego, tras el trabajo, vuelven a casa y se sientan en el sillón a leer el periódico antes de la cena y toman un whisky, por lo menos. Esto es lo peor. ¿Cómo te puedes tomar un whisky con el estómago vacío a las cinco de la tarde? Es demencial. Yo no me lo tomo ni a las dos de la mañana en las fiestas de mi pueblo. Es una bebida asquerosa. Lo mejor es un pacharán o un orujito después de la comida. Pero no antes. La cena, otro atentado para el estómago: verduras cocidas y sin aceite ni vinagre, y el rosbif sangrante. Sólo me gustan sus postres, al menos suenan bien: puding de Yorkshire -¿es realmente un postre?-, tarta de frutas, plumcake, etc. Creo que si fuera a Inglaterra me alimentaría a base de postres, debe de ser lo único que merezca la pena.
Siguiendo con el análisis social, además de tener una alimentación que deja mucho que desear, las amistades no se quedan atrás. Los ingleses son terriblemente clasistas, cotillas, afectados e hipócritas -creo que me estoy pasando un pelín-. Tienen que ir a cenas a las que nadie quiere ir y soportar invitaciones a casas de campo. Ello conlleva cambiarse setenta veces de ropa: para desayunar, para pasear, para jugar al cricket, para la comida, para el té, para la cena, para el baile... e implica llevar cientos de maletas y una doncella, si es posible, para preparar el desfile de modelos. Por eso la madre de Bridget le compra una maleta con ruedas. La pobre se debía deslomar con su bolso de viaje verde.
En cuanto a la economía creo que Bridget es una tiraduros. Sólo en bombones, tabaco y whisky debe de gastar medio jornal. Con lo barata que me sale a mí la fuente de los tres chorros. Yo sí sé lo que es ahorrar para comprar libros; le daría unas clases a Bridget en economía doméstica. Sin embargo, envidio su trabajo: lo que daría por trabajar en una editorial, siempre rodeada de libros por todas partes y que me pagaran por leer... He enviado mi curriculum a varias editoriales, pero ni me contestan. Siempre añado la lista de los libros que he leído, para que vean que experiencia no me falta y si echan cuentas, verán que salgo a una medía de cuatro libros por semana. Pero nunca contestan. Es otra de las razones por las que me he decidido a hacer este cursillo, para tener un certificado de algo relacionado con los libros. Creo que me ayudará en mi empeño.
4. Comentario general (dos folios)
Lo único bueno del libro es que acaba bien, sorprendentemente bien. Casi no podía creerlo. Al final, la protagonista encuentra un príncipe azul en el interior de un sapo rico y presuntuoso, y parece ser la medicina para todos sus males. ¡Como si un hombre pudiera cambiar nuestra existencia! Podrá hacerla más agradable y menos solitaria en el mejor de los casos, pero nunca podrá cambiar nuestra forma de ser, y, si una es neurótica, por mucho hombre forrado y macizo que tengamos a nuestro lado, neurótica será. Una vez tuve novio. Aún así, me siguieron saliendo granos, seguía acomplejada por mí 1,55 de estatura y por estar más lisa que la tabla del lavadero. Además seguía leyendo libros sin descanso, y él sencillamente se cansó de compartirme con las letras. Seguí siendo yo misma, con y sin él. Ahí está la clave.
Las historias paralelas que aparecen en el libro también son de traca. Una madre ninfómana, un gigoló estafador, un jefe salido, una medio jefa gruñona y unos amigos con problemas varios, todos igualmente desequilibrados. Personalmente, prefiero las novelas inglesas campestres. La señora que, a pesar de tener jardinero, doncella y cocinera, corta personal y plácidamente las rosas de su jardín. Adoro las descripciones de los jardines y huertos, de flores desconocidas y aromas maravillosos, las piernas de cordero al horno y la tarta de moras. Yo también tengo un pequeño jardín y siempre saco algo de tiempo para tenerlo bonito y colorido. Es la envidia de mis vecinas. Encargo las semillas, bulbos y plantas de temporada por catálogo. El clima no acompaña mucho, pero se hace lo que se puede. Voy a construirme un invernadero para las flores. Se lo dije al Tomás, que entiende de esas cosas, pero pretendía ponerme un túnel de plástico y llenármelo de pimientos. Dice que hacer un invernadero para cuatro tiestos es tirar el dinero. No entiende que puede ser un sitio maravilloso para tener un sillón de mimbre y leer, rodeada del perfume de las flores.
Una de las cosas que me sorprendió del libro fue el cambio de trabajo de Bridget. No creí que se atreviera a hacerlo, y menos aún que al final le fuera bien. Su nuevo jefe parecía un tarado. Espero que tenga éxito con sus extrañas entrevistas. Es curioso, hablo de ella como si estuviera viva: al final me encariñé con sus neuras, sus amigos y su disparatada familia. Espero que la autora publique una segunda parte para conocer sus andanzas -sigo pensando que es una novela autobiográfica-.
La caverna de las ideas. En Notas del Traductor, dice el profesor Arístides:
"Escribir es extraño, amigo mío: en mi opinión, la primera y más extraña y terrible cosa que un hombre pueda realizar -y añadió, regresando a su económica sonrisa- leer es la segunda."
Una persona puede llegar a influir en todos los minutos de la vida de otra, y lo paradójico del asunto es que lo ignore. Hace poco me contaron lo de Chelique.
-¿No te acuerdas de Chelique?
-Que sí, que era el nieto del señor Mariano.
Mi mente era un pozo. Yo tiraba un cubo atado a una cuerda larguísima, casi infinita, por el agujero oscuro y fresco. Pero el cubo no llegó a ninguna parte, no se escuchó el ruido familiar que producía al chocar contra la superficie del agua, ni siquiera se golpeó contra el fondo. Saqué el cubo vacío de recuerdos y ante el asombro de mis amigos dije:
-No me suena de nada.
-¡Pero si tú le pusiste el nombre!
-¿Chelique?
-Sí, eras tan pequeña que no podías pronunciar Enrique.
Supongo que el bautizado como Enrique me odiará por haberme inventado semejante nombre, nombre que suena a boliche, bolchevique o bariloche. Me imaginará carente de virtudes, rebosante de estupidez, y para él siempre seré la niña boba que le cambió el nombre.
Desde aquí te pido perdón. No sabía lo que hacía o tal vez mascaba chicle, Chelique, y la lengua y la mente se mezclaron al ritmo de los dientes y tu nombre se quedó enredado en la goma de mascar. El subconsciente hizo el resto. De Enrique mutaste a Chelique a través de un chicle rosa de cincuenta céntimos de peseta. Una monedilla liviana, plateada, que tenía una espiga en su efigie. Así que la fresa, en cierto modo, también es culpable de tu nombre, y por añadidura quien me diera los puñeteros cincuenta céntimos. Ahora, después de este razonamiento absurdo me siento menos culpable del desastre que puede ser tu vida. Supongo que nadie te tomará en serio con ese nombre. Salvo que seas un jugador de fútbol, entonces sí.
¿Qué es la literatura? el lugar donde habitan "los que no tienen voz".
Siento hasta un dolor físico, inexplicable y cortante como un cuchillo bien afilado. Y no es que Faulkner me decepcione, no. Tengo una de sus novelas comprada desde hace tres años. La conseguí en uno de esos puestos callejeros en los que los domingos venden restos de series a precios de saldo. Ya no recuerdo si pagué dos o tres euros por El villorrio. Pero cometí un gran error: guardarlo hasta que llegara el momento adecuado, sin saber que tal vez ése era el momento adecuado. De forma deliberada suelo retrasar la lectura de ciertos libros muy deseados porque una vez leídos se habra quebrado el misterio que encierran, y entonces será preciso encontrar otro sueño que perseguir. Pero esta vez me equivoqué. El ejemplar de El villorrio está impreso en letras diminutas, letras que en el año 2003 era capaz de leer. Hoy confieso que el libro me cansa y no es por Faulkner, es que necesito gafas de cerca. Supongo que en la vida este es un punto de inflexión importante -¡pero aún no he cumplido los cuarenta!-. Mientras podamos leer sin gafas es como si todavía viviéramos en un camino llano, recto, sin altibajos. En el momento en que la imposibilidad de leer un mapa de carreteras nos convierta en Mr Magoo, comenzará un lento -espero- declinar a lo que será la degeneración inevitable de los cuerpos. He de confesar que me sienta peor que las arrugas o la celulitis -cayendo un poquito en la chick-lit-.
Lo mismo les ocurre a los coches. Un día se cae el espejo retrovisor, otro se despega la goma de una puerta y al final el vehículo que con tanto esmero te transportaba se va descomponiendo cada vez a mayor velocidad, siguiendo el inexorable camino de la entropía.
Como deseo leer a Faulkner y esto ya no tiene remedio, creo que me procuraré un ejemplar con mayor tamaño de letra. Será otra novela distinta y reservaré El villorrio para cuando ya no pueda prescindir de las lentes de aumento. Y preservaré el misterio.
"Mi lucha, mi ambición es la claridad, la limpieza; mi sueño es escribir un libro tan transparente que el lector sienta que el medium entre él y la historia no son ni siquiera las palabras." El Páis 23-7-06
De este autor ya les he recomendado La dama número trece. Esta novela también promete mucho. Parece un jeroglífico inmerso en la antigua Grecia, muy bien ambientado, con su misterio particular y con esa forma de escribir diferente a lo que estamos acostumbrados en la actualidad, y que juega con la eidesis. Los diálogos aparecen en las notas del traductor. Es pues una novela extraña que nos invita incesantemente a descubrir un juego a través de las figuras literarias, ¿no resulta sugerente?
Cuando escribí el párrafo anterior apenas había leído los primeros capítulos del libro. Ahora sé que esconde mucho más y que el juego es más terrible de lo que yo imaginaba.
En La dama número trece , Somoza también recreaba un mundo especial, paralelo al nuestro y habitado por musas. La poesía es uno de los personajes, lo cual es de agradecer cuando la mayor parte del mundo se olvida de la poesía. Existe cierta semejanza con La caverna de las ideas, pues en el mito de Platón las ideas viven en su propio universo, perfectas y ajenas al nuestro. Siempre he pensado que, como las ideas, los personajes viven en su propio mundo, los escritores los convocan en el ritual de la escritura y si se dejan seducir poblarán las páginas antes estériles. El mundo de las musas es similar al de las ideas, pero no es perfecto -según Somoza- y, como el juego de La caverna de las ideas, es también temible.
Pensaba que mi querida Asunción era la responsable de la acuñación del binomio lecturas compulsivas, pero veo que también se le ocurrió a Félix de Azúa para dar un título a un libro indispensable.
Tan sólo la lectura de la "invitación" inicial que nos hace el autor merece la pena. De momento estoy enfrascada en los ensayos literarios que componen esta obra, trabajos publicados en diversos medios, que reflexionan sobre la literatura actual, los nuevos escritores, y que recorre un amplio abanico de autores. Les recomiendo esta obra, pues como reza la contraportada, "se aprende mucho" y además su prosa es inteligente y fresca. Una auténtica maravilla para aquellos que adoramos la literatura.
No es una bebida ni ningún tipo de deporte, es el nombre que se ha dado a un nuevo tipo de novela portagonizada por mujeres. La novedad estriba en que se presenta a una mujer neurótica, obsesionada por el peso, por ser buena en su trabajo y estar contínuamente perfecta, que además debe disfrutar de un amor maravilloso y sexo abundante y placentero. La chick-lit (o en cristiano novela post-romántica) tiene su máximo exponente en el Diario de Bridget Jones -que mi querida Asunción Sasamón destripa y analiza sin ningún tipo de pudor en el primer cuento en que me bendijo con su presencia-. Al carro de Helen Fielding se sube Candance Bushnell con Sexo en Nueva York. En nuestro país Angela Vallvey publica Todas las muñecas son carnívoras. Manuel Rodríguez Rivero nos pinta este panorama literario en el dominical XL SEMANAL, que no me pierdo por nada del mundo para leer a Pérez Reverte y Juan Manuel de Prada -yo soy una de esas lectoras que le quedan-. Explica que Chick alude a chica y lit a literatura.
Personalmente me parece que cada uno debe escribir lo que quiera, pero a mí no me tendrán como lectora. No pretendo tropezar dos veces con la misma piedra. Ya está una un poquito cansada de que las mujeres tengamos esa imagen superficial que destilan estas novelas en las que no se trata ningún tema realmente importante y que sólo reúnen una colección de anécdotas. Bastante dura es la vida normal como para encontrarte corregidos y aumentados los temas de las depilaciones, la dieta, el tabaco, las compras compulsivas, los polvos anónimos y apresurados. Al menos Sexo en Nueva York en su versión televisiva -que es la única que conozco- tenía el encanto de la propia ciudad como personaje.
Un día de estos les colgaré un trozo de "El cursillo de Asunción Sasamón", uno de los cuentos de mi único libro publicado, y en el que la protagonista realiza un comentario de texto sobre El Diario de Bridget Jones.
No teman, no voy a narrarles las mil y una aventuras, no siempre agradables, con las que se topa un escritor novel que pretende publicar. Resulta fácil visualizarlo enviando cientos de paquetes con sus obras, paquetes destinados a oficinas desconocidas y que llevan toda la ilusión del autor impregnada en cada renglón de los folios que contienen. Por desgracia, también adivinarán que los textos serán devueltos -en el mejor de los casos- con una nota animándolos a seguir escribiendo.
Pero existen otras situaciones desconocidas por la mayor parte de los lectores ajenos a los vericuetos de la edición. El último número de El Cultural de El Mundo (20/7/06) nos desvela la trama, real y terrible, que subyace bajo los inocentes anuncios que se prodigan en suplementos y revistas literarias que invitan a publicar a nuevos autores, escritores noveles -publicidad que puede aparecer incluso en esta blog, ya que al ser gratuita debes ceder un espacio para la publicidad-. En resumen, el autor deberá sufragarse la edición y en muchos casos los libros no llegarán a las librerías. Algunas editoriales teoricamente serias también aceptan la posibilidad de que el autor costee los gastos siempre y cuando exista una subvención o una promesa de compra de libros por parte de un organismo público. Es lo que hay, amigos, salvo que se gane un premio literario de prestigio, entonces los problemas se habrán acabado.
Les recomiendo que lean dicho artículo si están pensando en publicar alguna de sus obras. Además de las posibles trampas que encontrarán en el camino también se ofertan esperanzadoras sugerencias, como la de la autoedición pasando por la creación de un sello editorial propio, con la ayuda de internet, como ejemplos de este último caso aparecen las editoriales Baobab y Leerplus.
En mi caso, me decidí a publicar animada por personas que habían leído mis trabajos. Pedí y se me concedió una subvención. Intenté la publicación de Los versos de Ibn Adüm y otros relatos a través de editoriales emergentes, pero a las que avalan la calidad de las obras que publican. No fui bendecida con ningún contrato, y finalmente me lance a la selva de la autoedición. He de decir que me dediqué más tiempo a esos menesteres que a escribir, que es lo que verdaderamente me gusta hacer, pero fue una experiencia interesante que me permitió conocer cómo es este mundillo.
Actualmente tengo editora, como dicen los escritores de postín y los que pretenden serlo, y voy a experimentar lo que se siente al abandonar la obra y que otros se encarguen de esas labores tediosas tan ajenas a la creación literaria. El libro, por cierto, se titulará Muerte a los imbéciles y recoge una serie de relatos en los que predomina el sentido del humor, la intriga, el surrealismo, la denuncia de ciertas tragedias humanas y los amores imposibles. Un cóctel creado a partir de muy distintos ingredientes, y con un profundo amor por la escritura.
Podéis encontrar el artículo completo en la siguiente dirección, merece la pena.
En algunas bitácoras aparece la lista de los 10 libros favoritos del autor. La lista -si no es falsa-, puede revelarnos la personalidad deautor y permite crear cierta complicidad si compartimos gustos literarios. Por eso voy a castigarles con mi particular lista, que seguro evolucionará cuando recuerde otro libro importante o cuando lea nuevas obras.
Me temo que la lista va a dividirse en otras listas y tendré que recurrir para ello a los géneros literarios o a mis propias categorías.
Libros especiales
Seda Alessandro Baricco
Historia de cronopios y de famas Cortázar
El libro de los peces de Wiliiam Gould Richard Flanagan
Novela corta
Cartas de una desconocida y Leporella Stefan Zweig
El barón rampante y El vizconde demediado Italo Calvino
Novelas ejemplares Cervantes
Novela
Ensayo sobre la ceguera José Saramago
El amor en los tiempos del cólera Gabriel García Márquez
No mires debajo de la cama Juan José Millás
La verdad del caso Savolta Eduardo mendoza
La sonrisa etrusca Jose Luis Sampedro
Nada Carmen Laforet
Historia de una maestra Josefina Aldecoa
Jane Eyre Charlotte Brönte
La dama número trece José Carlos Somoza
La sombra del viento Carlos Ruiz Zafón
Como agua para chocolate Laura Esquivel
La casa de los espíritus Isabel Allende
El viejo y el mar Hemingway
Poesía
El diván del tamarit Federico García Lorca
Libertad bajo palabra Octavio Paz
Si no habéis leído Nada, que fue premio nadal cuando pocas mujeres escritores eran reconocidas en nuestro país por una jovencísima Carmen Laforet, os la recomiendo vivamente. No sólo nos muestra una sociedad, una parte de nuestra historia, sino los entresijos de la mente de una joven atrapada en un mundo burgués pero sin el dinero suficiente para serlo. Una joven carente de afectos y que convive con una serie de personajes marcados por su pasado y que como fantasmas asedian a una mujer que nace. La juventud no está reñida con el talento y este es un caso patente de genialidad. Qué pena que no fuera una autora más prolífica.
El jardincito es como un día de fiesta en la pobreza de la tierra. Fervor de Buenos Aires.
"Soy mujer y escribo. soy plebeya y sé leer." "Las buenas mujeres rezan, yo escribo". Historia del rey transparente.
Los hombres se inventan dioses porque son incapaces de mirar la realidad cara a cara. Tratado de atelología.
Después de la verdad nada hay tan bello como la ficción.