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anamayoral

Ir de compras

 

No sé qué extraño atavismo nos empuja a algunos a recorrer tiendas. Supongo que es algo digno de estudio por los psicólogos. No me refiero a las compras compulsivas. En mi caso, en la mayor parte de las ocasiones no compro nada. Recorrer mis tiendas favoritas es el único deporte que practico con regularidad y les prometo que llego exhausta a casa ¡Y sin gastar ni un euro!

Tal vez esta adicción a ir de compras sea una reminiscencia de la época en que éramos recolectores y buscábamos bayas, semillas, raíces para alimentar a la familia. No podemos evitarlo, nuestro instinto, controlado por los egoístas genes, nos induce a la recolección. Quizás nos movemos por los grandes almacenes y franquicias como nuestros antepasados recorrían el campo en busca de fruta madura o un tubérculo rollizo. En su lugar, nosotros buscamos gangas, prendas de fondo de armario, bolsos imposibles de combinar con dicho fondo y zapatos que no hay quien se ponga, pero terriblemente maravillosos. Si no encontramos nada dignos de llevarnos a casa nos volvemos con las manos vacías, la tarjeta intacta, y nos consolamos e ilusionamos ante la perspectiva de una nueva sesión de compras, que esta vez sí que será fructífera.

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2 comentarios

Amaya -

Al mío tampoco, más bien es un suplicio para él. Yo también disfruto, me encanta cotillear. Un saludo Esther

esther -

Me temo que en mi caso ir de compras no tiene que ver con la supervivencia, ignoro si mi "mulier" antecesor me dejó algún gen en este campo. En mi caso es puro disfrute, sobre todo en rastros y lugares dónde hay de todo y se puede revolver, que le vamos a hacer.Mi chico directamente no tuvo homo antecesor, no le gusta nada ir de compras.
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