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anamayoral

A las mujeres trabajadoras que no trabajan

Todos los años dedico este día a la mujer que no escribe, y republico un texto que escribí hace años y dediqué a mi madre. Este año, como me encuentro en un extraño estatus: el de mujer trabajadora que no trabaja, he decidido alterar esta rutina.

Me encuentro en el grupo de mujeres trabajadoras que no trabaja, bien por motivos de salud, por cuidado de un familar, embarazo de riesgo o porque han perdido su puesto de trabajo. Mi madre siempre me ha dicho que la liberación de la mujer constituye un atraso: debe trabajar en la calle y en casa, por lo que siempre anda sin tiempo para ella misma, con la obligación de cumplir en el hogar y en la empresa, de mostrar un aspecto impecable, llevar a sus hijos como pinceles y tener atendido al marido a todos los niveles. Como es bien sabido, todos estos objetivos implican realizar un complicado encaje de bolillos y a la postre, cuando se mira la labor terminada, no parece que haya quedado perfecta. Lo que yo le digo a mi madre, es que lo importante no es el resultado de la labor sino de que nos sintamos bien mientras la confeccionamos. Ahora que no puedo trabajar, me acuerdo de los que madrugan mientras yo sigo en casa en mi camita caliente, de los que tienen que conducir para ir al trabajo nieve o caigan chuzos de punta, de los que apenas disponen de tiempo para sentarse un ratido después de comer. A mí me sobra el tiempo a raudales y en cierto modo me siento una parásita social, a pesar de que no trabajo por motivos de salud. Me consuela pensar que dentro de unos meses estaré recuperada y volveré a la frenética rutina del trabajo y la casa, aunque esta última no está sólo a mi cargo sino que mi pareja y yo compartimos las tareas. Ahora la verdad es que las hace él ya que yo no puedo.  Y aunque mi situación cambie y vuelva al trabajo con nuevas y placenteras responsabilidades que supongo nos llenarán de alegría, tal vez me acuerde con nostalgia de algunas de estas mañanas en las que ahora no madrugo o que  no me levanto de la cama porque sencillamente no me tengo. Sí, seguro que me acordaré cuando salga de noche con un frío que pela hacia mi trabajo con la amenaza de una nevada, pero me sentiré feliz porque volveré a ser yo misma.

Desde aquí les deseo a las mujeres trabajadoras que no trabajan que superen sus dificultades y vuelvan a la vida que ellas desean, dentro o fuera de casa, pero felices.

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1 comentario

esther -

Lo difícil me parece a mi es ser feliz, trabajes o no, concilies tu vida laboral y familiar mejor o peor. Me parece que es nuestro sino, en definitiva no sólo el de las mujeres sino el de toda la humanidad, siempre deseamos lo que no tenemos en ese momento y siempre queremos hacer lo que no estamos haciendo. Por lo menos a mi me pasa muchas veces...ánimo mucho ánimo.
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